bugaboo

crianza

Frente al agobio, la confusión y el cansancio que padecemos cuando tenemos hijos pequeños, las mujeres quisiéramos tener a mano una serie de “obligaciones” para endilgar al varón a quien percibimos más libre y autónomo y con una vida que no ha cambiado tan drásticamente como la nuestra. Somos las mujeres quienes necesitamos creer que un “buen padre” se ocupa de tal y cual manera de los hijos que tenemos en común. Pero cuando esto no ocurre, nos abruma el rencor y la desilusión.

Los “roles” que cada uno asume son hechos culturales. O personajes que repartimos entre todos para que una escena pueda ser representada. De modo que, cuando un niño “entra en escena” (o nace), se nos desacomodan todos los roles que teníamos asignados. Las mujeres nos encontramos en lugares que no habíamos dispuesto para nosotras mismas, nos sentimos afuera del mundo, solas, exageradamente demandadas, desgarradas entre permanecer en los lugares donde habíamos forjado nuestra identidad, o pendientes de las necesidades del niño pequeño. Frente a este panorama, observamos al varón que no está ni desgarrado, ni peleado entre nuevas y viejas identidades, ni malherido, ni agotado. Por lo tanto, nos resulta evidente que tendría que asumir parte de las tareas que por carácter transitivo de género, hemos asumido las que hemos devenido madres. Y ahí se ponen de manifiesto los desacuerdos ocultos de la pareja.

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Todo parece indicar que si, tal como lo leen. Al menos lo es en el Juzgado de Violencia contra la Mujer Nº2 de Barcelona para la jueza F. V. T.
Esta jueza ha dado la custodia al padre del menor (un niño menor de 3 años en ese momento), siendo éste un presunto maltratador y encontrándose en un estado depresivo que requiere tratamiento, como lo demuestra el informe del SATAF, organismo público encargado de las pericias psicológicas.

¿Fundamentos para quitar la custodia a la madre? Pues nada, ser asidua a un foro de crianza, concretamente Crianza Natural, practicar el colecho (dormir con el peque) y respetar su evolución siguiendo las pautas que le da su propio hijo y su instinto, esto ella lo traduce en “permisividad“.

¿Realmente es tan negativo seguir las pautas que te da tu hijo para su desarrollo? Una cosa es el respeto al menor y otra cosa muy distinta es la permisividad de la que tanto habla esta jueza. ¿Realmente es tan malo cubrir sus necesidades afectivas? Lamentablemente en el mundo actual está muy mal visto no dejar llorar a los peques, el “no lo cojas en brazos, que se acostumbra y luego te tomará el pelo” es pan de cada día en los hogares españoles y por lo visto los juzgados también se hacen eco de esto como lo mejor para los menores.

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La depresión posparto

por Gisela el 13 mayo, 2009

en Apego, crianza, Parto

En primer lugar definamos qué es el puerperio y su duración real. Considero que los famosos 40 días estipulados -ya no sabemos por quién ni para quién- tienen que ver sólo con una histórica veda moral para salvar a la parturienta del reclamo sexual del varón. Pero ese tiempo cronológico no significa psicológicamente un comienzo ni un final de nada.
Desarrollemos entonces una reflexión sobre el puerperio basándonos en situaciones que a veces no son ni tan físicas, ni tan visibles, ni tan concretas, pero sin embargo allí están.
Tomemos en cuenta que el punto de partida del puerperio, es “el parto”, es decir, la primer gran “des-estructuración emocional”. Para que se produzca el parto necesitamos que el cuerpo físico de la madre se abra para dejar pasar el cuerpo del bebé permitiendo un cierto “rompimiento”. Esta “fisura” corporal también se realiza en un plano más sutil, que corresponde a nuestra estructura emocional. Hay un “algo” que se quiebra, que se instala como grieta física y etérea al mismo tiempo y que permite pasar de ser “uno” a ser “dos”.
Es una pena que la mayoría de los partos los atravesemos con muy poca conciencia con respecto a este “rompimiento físico y emocional”. Ya que el parto es sobre todo un corte, un quiebre, una apertura forzada, igual que la irrupción de un volcán que gime desde las entrañas y que al despedir sus partes profundas destruye necesariamente la aparente solidez, creando una estructura en principio caótica y desenfrenada.
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Biberones, chupetes, cochecitos, cómodos sillones regulables, adaptadores para el auto y la bicicleta, cunas transportables, desarmables, sofisticados accesorios con sonidos, colores, formas…sin duda alguna la industria ha diseñado todo tipo de implementos para transportar, alimentar, dormir, entretener y estimular a nuestros bebés.
En unas pocas décadas se nos han vuelto necesarios, imprescindibles. Se han ligado indisolublemente a la imagen del bebé sano y feliz. De algún extraño modo hemos conseguido que hoy, un bebé que no usa chupete, que toma el pecho o va en brazos de su madre sea la excepción y no la norma. Es tan inusual, que quienes optan por una crianza con apego y con respeto por las necesidades de los bebés, se ven amenazados por toda clase de teorías y condenas que aseguran que su hijo no está sano y que, de no intervenir a tiempo, las consecuencias serán muy graves.

Brazos, ¿hasta cuándo?
La mayoría de los bebés comienzan a andar alrededor de los 12 meses de vida. Dan unos pocos pasitos y la familia contenta celebra que “ya camina”. [leer el post completo…]

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“Bésame mucho” es un GRAN LIBRO (así, con mayúsculas), si por mí fuera lo publicaría entero en mi blog, ya que considero fundamental para cualquier padre o madre leer al pediatra Carlos González. “Bésame mucho” es sin duda un libro escrito en defensa de los niños, en defensa de sus derechos. No está lleno de consejos, sino todo lo contrario, trata de hacerle ver a los padres que la mejor forma de criar a los hijos no es con métodos conductistas, sino con amor.
Y en un párrafo del Bésame Mucho lo explica claramente :

Besame Mucho - Carlos Gonzalez“En este libro defendemos que también en el trato con los
niños existen principios. Que con ciertos métodos nuestros
hijos tal vez comerían «mejor», o dormirían más, o nos obedecerían
sin rechistar, o se estarían más callados…, pero no
podemos usarlos. Y no necesariamente porque tales métodos
sean inútiles o contraproducentes, ni porque produzcan «traumas
psicológicos». Algunos métodos que criticaremos en este
libro son eficaces, y puede que algunos incluso sean inocuos
Pero hay cosas que, sencillamente, no se hacen.”

El último tabú

Nuestra sociedad parece muy tolerante porque muchas cosas
que hace cien años estaban prohibidas se consideran ahora
completamente normales. Pero si nos fijamos mejor, también
hay cosas que hace cien años eran normales y que ahora están
prohibidas. Tan completamente prohibidas que hasta nos parece
normal que sea así, tan normal como a nuestros bisabuelos
les debía parecer su sistema de tabúes y prohibiciones.
Muchos de los antiguos tabúes se referían al sexo; muchos
de los actuales se refieren a la relación madre-hijo, para desgracia
de los niños y de sus madres. Por ejemplo, la palabra «vicio»
se usa ahora en una forma totalmente diferente a como la usaban
nuestros abuelos. Casi todo lo que entonces era «vicio» ha
dejado ahora de serlo. Beber, fumar o jugar son ahora enfermedades
(alcoholismo, tabaquismo, ludopatía), con lo que el
pecador se ha convertido en víctima inocente. La masturbación
eI «vicio solitario» que tanto preocupaba a médicos y educadores)
se considera normal. La homosexualidad es simplemente
un estilo de vida. Hablar de vicio en cualquiera de esos casos
se consideraría hoy un grave insulto. Hoy en día, sólo se llama
vicio a algunas inocentes actividades de los niños pequeños: «Tiene
el vicio de morderse las uñas. » «Llora de vicio. » «Si lo coges
en brazos, se va a enviciar. » «Lo que pasa es que está enviciado
con el pecho, y por eso no se come la papilla. »
Si todavía tiene dudas sobre cuáles son los verdaderos tabúes
de nuestra sociedad, imagine que va a su médico de cabecera
y le explica una de las siguientes historias:
1) «Tengo un niño de tres años y vengo a ver si me hace la
prueba del sida, porque este verano he tenido relaciones sexuales
con varios desconocidos. »
2)«Tengo un niño de tres años y fumo un paquete al día. »
3)«Tengo un niño de tres años; le doy el pecho y duerme
en nuestra cama. »
¿En cuál de los tres casos cree que su médico le echaría la
bronca? En el primer caso, le dirá «ah, bueno» y le pedirá la
prueba del sida sin pestañear; todo lo más le recordará educadamente
la conveniencia de usar el preservativo, lo mismo
que en el segundo caso le explicará que el tabaco no es bueno
para la salud (y si el médico también fuma, no le dirá
nada de nada). Nadie la increpará: «¡Pero qué descaro, cómo
se atreve, una mujer casada, una madre de familia!»
¿Y en el tercer caso? Conozco una historia real. Cuando la
psicóloga de la guardería se enteró de que Maribel estaba
dando el pecho a su hijo de dieciséis meses, la citó para explicarle
que si no lo destetaba inmediatamente su hijo sería homosexual
(uno no sabe si asombrarse más de los prejuicios contra
la lactancia o de los prejuicios contra la homosexualidad).
Como Maribel persistió en su «peligrosa»actitud, la psicóloga
llamó a su casa para hablar directamente con su marido y
advertirle del daño que su esposa estaba haciendo al hijo de
ambos.
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