Entrevista : yo parí en mi casa

Julieta Fonterosa (31 años) es una consultora informática de nacionalidad argentina que lleva ya más de 10 años viviendo lejos de su país natal, los últimos dos en Holanda, un país con alto índice de partos domiciliarios, y a pedido aceptó responder a esta entrevista sobre el parto en casa en Holanda.
Hasta que llegamos a Holanda, el plan era parir en una clínica, pero yo ya tenía inconvenientes con los procedimientos de la clínicas en Santiago de Chile (de donde es mi marido). Para empezar, no quería que se lleven al bebé de la sala de parto para hacerle el control neonatológico. Tampoco me parecía bien que lo primero que hagan con el bebé sea medirlo, pesarlo, y hacerle todo tipo de pruebas: ya bastante traumático es el nacimiento en sí como para que lo primero que hagan con uno sea molestarlo con mediciones y tests. Lo otro que no quería era que el bebé durmiése en una “nursery”, quería que el bebé durmiese conmigo en la habitación, en su cuna pero al lado mío. Esto era imposible de lograr en una clínica en Santiago.

Cuando me enteré de cómo funciona el sistema sanitario en Holanda, en especial en lo referente a embarazo y parto, me gustó. Apenas llegue ya tenía una consulta agendada con la matrona. Aquí lo más normal es que los controles del embarazo sean con matronas, aunque también una puede elegir si quiere controlarse con un ginecólogo. También es muy normal el parto en casa, aquí los hospitales se llaman “casa de los enfermos” y no consideran al embarazo como una enfermedad. Por lo tanto, si no existe ningún factor de riesgo, no hay motivo para dar a luz en un hospital.

Los controles con las matronas eran completamente diferentes de los controles ginecológicos que había tenido en Chile durante los primerios seis meses de embarazo. Las matronas controlan la presión arterial, la posición del bebé palpando la panza, y los latidos del bebé. Si una quiere se puede pesar, pero no es necesario. La primera vez que me bajé las bragas en Holanda fue cuando estaba con trabajo de parto. En cambio, el ginecólogo en Sudamérica te revisa de pies a cabeza desde la primer consulta. Es mucho más invasivo, y muchas veces innecesariamente.

Tengo dos hijos, el primero lo parí en el hospital y el segundo lo tuve en casa. Al primero intenté tenerlo en casa pero al final la matrona nos derivó al hospital porque a los 8 cm dejé de dilatar y el bebe no estaba bien posicionado para salir. Acá, si bien es común parir en casa, no corren riesgos, si hay cualquier indicio de complicación te mandan al hospital.

En el hospital verificaron la postura del bebé con una ecografía y efectivamente no tenía la pera pegada al pecho. Con lo cual, me hicieron acostarme de lado para que el bebe se acomode. Estuve así un par de horas, el bebé se acomodó y logro salir solito. Lo primero que hicieron con el bebé fue apoyarmelo en la panza, donde mi marido le cortó el cordón umbilical. Lo tuve un rato arriba mío y luego lo tomaron para limpiarlo, pesarlo, tomarle la temperatura y abrigarlo. Pero todo eso lo hicieron en la misma habitación donde tanto yo como mi marido podíamos verlo. Nunca lo perdimos de vista, que era algo que me daba pánico de Sudamérica (con tantos casos que hay de bebés cambiados y robados). Después me lo devolvieron para darle pecho.

Lo que me llevó a decidirme por el parto en casa fue un cambio en la manera de ver al embarazo y al parto. Dejar de verlo como una condición médica y empezar a considerarlo un proceso natural.

En Holanda no existen preferencias para las embarazadas, no hay fila diferencial en las cajas del supermercado, ni en el aeropuerto; los buses y trenes no tienen asientos para embarazadas, y no hay estacionamientos para embarazadas cerca de las puertas de los comercios. Todas esas preferencias que existen para embarazadas en Sudamérica, acá solamente son para los discapacitados.

En Chile, el ginecólogo me tenía prohibido cualquier actividad física que no sea caminar, natación y algunos ejercicios de yoga. Acá, en cambio, anduve en bicicleta hasta el último día del embarazo.

El parto en casa me parece tan seguro como el parto en un hospital. Si el embarazo es de bajo riesgo puede ser atendido tranquilamente por una matrona asistida por una enfermera en la casa de la parturienta.

Las principal ventaja para mí es la comodidad, ¿qué lugar en el mundo puede ser más cómodo que mi propio hogar?  Estoy en mi casa, con mis cosas, mis horarios, mis comidas, mis reglas, mi cama, mi baño.

Si alguna mama le interesa el parto domiciliario pero no se decide y tiene dudas al respecto, le diria que es mas natural de lo que uno se imagina. Muchas mujeres le tienen panico al dolor de parto sin anestesia. No les voy a decir que no duele, porque duele y mucho, pero el cuerpo es sabio y se olvida rapidisimo. Sino, seriamos todos hijos unicos.

Mi parto en casa fue estupendo. Al ser el segundo, fue rápido. Fue doloroso como cualquier parto sin anestesia, pero al poder sentir bien todo el cuerpo creo que tuve mayor conciencia al pujar y no fue necesario ni un punto. La recuperación también fue rapidísima.

Si tuviese otro bebe, sin duda intentaría tenerlo en casa de nuevo!

 

Gracias Julieta!!!

Sobre Gi

Soy Gisela, treintañera, argentina, madre de dos loquitas preciosas de 7 y 13 años y recientemente de Baby Oliver. Lo mío es cada unos años :P Mi día está lleno de webs, blogs, social media, cosas bonitas, juegos y manualidades. Intento aprender fotografía, me gusta la cocina, la repostería y me pierde comer chocolate. Me gusta la ropa pero no la moda, me gustan las series pero no la TV, me gustan los bolis pero no escribo nunca, y me pierden los libros pero no tengo tiempo para leer tantos como compro. Autodidacta, hablo mucho, odio usar tacones a pesar de ser bajita, me gusta llevar moños y a veces pintarme las uñas de rojo.

2 comentarios en “Entrevista : yo parí en mi casa

  1. Que emocionante! Me trajo muchos recuerdos del día que nació mi hija, si bien no fue un parto domiciliario, tratamos de que fuera lo más respetado posible. Qué linda que sos Gisela! Un beso enorme para vos y tus peques!

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