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Extracto del libro ‘El camino del encuentro’ de Jorge Bucay

Una de las tantas contradiciones con la vida misma que tiene el método Estivill es demostrar amor a un bebé sin contacto físico, es imposible, no se puede dar a entender al recién nacido que sus padres lo aman si no toca su cuerpo, si no siente su calor, si no siente satisfechas sus necesidades básicas, entre las cuales por supuesto, se encuentran el contacto físico y la seguridad que trasmiten los brazos.
A un bebé se le transmite seguridad a través del contacto físico, no de las palabras, porque todavía no las comprende, y porque no recibe lo que lo tranquiliza: el amor.
Es como que yo le diga a mi marido que lo amo mucho pero que me niegue a hacer el amor con él, a darle un beso, a abrazarlo, él realmente no lo creería, no creería mi amor, y le haría mucho daño.
Los niños no necesitan que sus padres trabajen más horas para comprarle más cosas, en cambio sí necesitan que les dediquen tiempo, que les tengan paciencia y que los acompañen en su desarrollo.
Me gustaría dejarles un pequeño extracto del libro de Bucay ‘El camino del encuentro’, que me gusta mucho, para que comprendan a los que me refiero.

Cuando alguien te quiere, lo que hace es ocupar una parte de su vida, de su tiempo y de su atención en vos.

Un cuento que viaja por el mundo de Internet me parece que muestra mejor que yo lo que quiero decir:
Cuentan que una noche, cuando en la casa todos dormían, el pequeño Ernesto de 5 años se levantó de su cama y fue al cuarto de sus padres. Se paró junto a la cama del lado de su papá y tirando de las cobijas lo despertó.
– ¿Cuánto ganás, papá? – le preguntó
– Ehhh… ¿cómo? – preguntó el padre entre sueños.
– Que cuánto ganás en el trabajo.
– Hijo, son las doce de la noche, andate a dormir.
– Si papi, ya me voy, pero vos ¿cuánto ganás en el trabajo?
El padre se incorporó en la cama y en grito ahogado le ordenó:
– ¡Te vas a la cama inmediatamente, esos no son temas para que vos pregunte! ¡¡y menos a la medianoche!! – y extendió su dedo señalando la puerta.
Ernesto bajó la cabeza y se fue a su cuarto.
A la mañana siguiente el padre pensó que había sido demasiado severo con Ernesto y que su curiosidad no merecía tanto reproche. En un intento de reparar, en la cena el padre decidió contestarle al hijo.
– Respecto de la pregunta de anoche, Ernesto, yo tengo un sueldo de 2.800 pesos pero con los descuentos me quedan unos 2.200.
– ¡Uhh!… cuánto que ganás, papi – contestó Ernesto.
– No tanto hijo, hay muchos gastos.
– Ahh… y trabajás muchas horas.
– Si hijo, muchas horas.
– ¿Cuántas papi?
– Todo el día, hijo, todo el día.
– Ahh – asintió el chico, y siguió – entonces vos tenés mucha plata ¿no?.
– Basta de preguntas, sos muy chiquito para estar hablando de plata.
Un silencio invadió la sala y callados todos se fueron a dormir.
Esa noche, una nueva visita de Ernesto interrumpió el sueño de sus padres. Esta vez traía un papel con números garabateados en la mano.
– Papi ¿vos me podés prestar cinco pesos?
– Ernesto… ¡¡son las dos de la mañana!! – se quejó el papá.
– Si pero ¿me podés…
El padre no le permitió terminar la frase.
– Así que este era el tema por el cual estás preguntando tanto de la plata, mocoso impertinente. Andate inmediatamente a la cama antes de que te agarre con la pantufla… Fuera de aquí… A su cama.
Vamos.
Una vez más, esta vuelta puchereando, Ernesto arrastró los pies hacia la puerta.
Media hora después, quizás por la conciencia del exceso, quizás por la mediación de la madre o simplemente porque la culpa no lo dejaba dormir, el padre fue al cuarto de su hijo. Desde la puerta escucho lloriquear casi en silencio.
Se sentó en su cama y le habló.
– Perdoname si te grité, Ernesto, pro son las dos de la madrugada, toda la gente está durmiendo, no hay ningún negocio abierto, ¿no podés esperar hasta mañana?.
– Si papá – contestó el chico entre mocos.
El padre metió la mano en su bolsillo y sacó su billetera de extrajo un billete de cinco pesos. Lo dejó en la mesita de luz y le dijo:
– Ahí tenés la plata que me pediste.
El chico se enjuagó las lágrimas con la sábana y saltó hasta su ropero, de allí sacó una lata y de la lata unas monedas y unos pocos billetes. Agregó los cinco pesos al lado del resto y contó con los dedos cuánto dinero tenía.
Después agarró la plata entre las manos y la puso en la cama frente a su padre que lo miraba sonriendo.
– Ahora si – dijo Ernesto – llego justo, nueve pesos con cincuenta centavos.
– Muy bien hijo, ¿y que vas a hacer con esa plata?
– ¿Me vendés una hora de tu tiempo, papi?.

Cuando alguien te quiere, sus acciones dejan ver claramente cuánto le importás.”

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4 Respuestas a Extracto del libro ‘El camino del encuentro’ de Jorge Bucay

  1. Angela 26 junio, 2007 at 20:37 #

    felicitaciones, realmente hermoso me encanto .
    yo soy una de las personas que trabaja mucho y no tengo tiempo para mi.

  2. Emi 15 noviembre, 2009 at 18:57 #

    Me gusto mucho la idea que querias expresar.
    Es mas hasta me conmovio, y justamente llegue aca por el libro de Bucay, el mismo proposito.. nada mas que lo compre como una muestra de afecto hacia una persona muy especial para mi.

  3. carlos 8 agosto, 2012 at 4:24 #

    Hola soy papa y a beses no le doy tanto tiempo a mis dos hijas pero eso no significa que no las quiera abeces me doy cuenta y tengo ese caracter de como era mi padre conmigo, nunca un te quiero y las veses que medecia algo era para castigar por algun acto o alguna trabesura, pero no quiero ser asi por que mis hijas son todo para mi y las amo con todo mi alma por que son mi vida.

    • Gisela 9 agosto, 2012 at 15:32 #

      Entonces tienes que esforzarte mucho para ser diferente, para ser el padre que quieres ser. Animo, es posible!

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