La frustración innecesaria en la infancia

Yolanda González

Vivimos en una Sociedad, donde desde la más tierna infancia, se nos enseña a soportar la frustración.
Existe la creencia generalizada, de que si no hay frustración marcada por los adultos, los bebés y los niños-as, no logran tener ningún límite a su demanda (“perversos polimorfos”) y como consecuencia, devienen en sujetos anti-sociales y no adaptados.
Hemos aceptado, que la vida es dura y cruel. Y nuestros hijos deben prepararse para afrontarla cuanto antes. Es por ésto, que desde que son bebés, recibimos consejos permanentes sobre cómo evitar que nuestros hijos se malcrien:

“No lo cojas en brazos”.
“No atiendas a su llanto, que primero te piden la mano y luego te toman el brazo”.
“No transijas, pues se subirán a las barbas”.

Tantos y tantos tópicos, con el único objetivo de que esos bebés, ávidos de contacto epidérmico, de mirada amorosa, de empatía profunda, vayan aprendiendo a través de la frialdad, a ser “Duros”, que no fuertes.

Poco a poco, la sociedad nos transmite que debemos acorazarnos. Con una coraza rígida e insensible ante el dolor de los otros “porque la vida es así”. Poco a poco, nos distanciamos de nuestro instinto protector, y de nuestro sentido común, para ser máquinas que responden al sistema, con sumisión. Aceptamos las normas, aunque sean irracionales, y formamos parte del engranaje.

¿Qué hemos olvidado? ¿Qué confundimos cuando hablamos de límites, educación, autoridad, frustración…?.

Olvidamos que ese bebé y ese niño, tiene una innata capacidad, para SENTIR mejor que nosotros-as cuáles son sus necesidades más imperiosas. Olvidamos que, siguiendo a manuales o recomendaciones que dinamitan el sentido común (el más escaso de los sentidos), violentamos el proceso natural de autonomía y auto-estima, que se forma tan sólo desde el respeto a sus necesidades básicas. Tan sólo una respuesta sensible y empática a sus necesidades primarias, garantiza un desarrollo psicoafectivo saludable.

JAMÁS, debemos de frustrar las necesidades afectivas. ¿A quién le ha hecho daño un abrazo, una mirada cálida o una presencia en los momentos de mayor necesidad? ¿A quién le hace daño el amor?

Confundimos la frustración de necesidades culturales, con la frustración de las necesidades afectivas. La única frustración saludable, es la que frena el sinsentido del consumismo.

Consumismo de la TV no constructiva. De los dulces excesivos. Sabemos que comprar y comprar, tapona en pequeños y mayores, grandes lagunas y ausencias afectivas. Y la sociedad no limita, sino fomenta estas necesidades vacías.

Estas y no las otras, son las necesidades secundarias o culturales que debemos aprender con inteligencia y amor, a limitar.

Muchos pediatras, autores, vecinos, cuestionan la lactancia natural prolongada. Y la justifican desde psicologizaciones y teorizacíones, sin ningún fundamento. Sin ningún seguimiento práctico y directo de bebés, que de forma sólida, permita realizar dichas afirmaciones. Y en los casos que se acompañan de observación, lo observado responde generalmente a lo “normal” y estadístico para la sociedad actual, ignorando y desconociendo lo que pudiera ser “lo sano”. Intentan imponer con sus criterios, lo que hace la mayoría, sin cuestionar, si esos criterios generan felicidad o infelicidad, salud o normalidad.

Frustrar la necesidad del pecho a demanda y la necesidad de la lactancia prolongada (en los casos que así se decida, o en su defecto un biberón dado con contacto y amor), es negarnos una experiencia esencial en la vida:

Porque, conocer el placer y el amor, es la mejor prevención de trastornos psicosomáticos posteriores. Permitir que el bebé, explore cuáles son sus necesidades y que el medio se las posibilite, es lo que crea confianza y seguridad en la vida. Es lo que posibilita el vínculo. El apego seguro. Los padres, y el profesorado están a veces muy desorientados con tanto bombardeo informativo y contradictorio

Es por ello muy importante, desarrollar la capacidad de empatizar con nuestros bebés ya desde el embarazo, para que el continuum de relación, ese ” hilo mágico” como me gusta llamarlo y que algunos padres y madres percibimos desde el nacimiento hasta la autonomía de nuestros hijos, sea el mejor antídoto ante tantas influencias nefastas en el desarrollo saludable de la primera infancia.-

Ese “hilo mágico”, se llama VÍNCULO, y su base es la confianza, la seguridad y sobre todo el AMOR, del bueno.
Contacto y llanto
Existe una profunda laguna en la percepción adulta, en relación a los procesos vitales esenciales que intervienen en el desarrollo de la salud humana y social.

Los seres humanos, se indignan desde su sillón televisivo, ante los genocidios, guerras y desastres ecológicos que día a día nos llegan desde los medios de comunicación (ejerciendo por otro lado un efecto narcotizante para la acción). Pero pocos se estremecen, ante el llanto desgarrador de un bebé o niño, respondiendo con el impulso irrefrenable de nutrirlo afectivamente. Aparentemente no existe relación entre una situación y otra. Sin embargo, no debemos olvidar, que nuestra vida adulta es reflejo de la experiencia infantil acaecida en el medio familiar, siendo este modo de relación básico, el que se encuentra en el origen de los comportamientos individuales y sociales posteriores.

El COMO gestionamos nuestras emociones marca nuestra existencia con un sello único y diferenciador: el carácter. Y la gestión de la emoción guarda una estrecha relación con la respuesta que desde el exterior recibimos desde el mismo momento de nuestro nacimiento e incluso antes.

Como sabemos, la sonrisa aparece hacia el tercer mes de vida y, progresivamente da lugar a la risa, ya descrita ampliamente en manuales de psicología evolutiva y fácilmente aplaudidos por el adulto por la alegría que transmite su esplendor, transparencia y expansión vital, ¿pero qué pasa con la otra manifestación vital, el LLANTO?

Siendo una de las primeras expresiones emocionales que acontece en un ser humano, ¿cuántos adultos se permiten vibrar ante el llanto de un niño? Se nos ha inculcado que es “normal” que un bebé llore y se desespere ante la “aparente indiferencia” y frialdad del adulto “educado para no malcriar a ese bebé”. Y sin embargo no existe mayor herida emocional que la frialdad e indiferencia, como única respuesta a un llanto demandante de un niño desconsolado.

Señalo “indiferencia aparente”, por considerar que los adultos que así responden, en realidad sienten irritabilidad y rechazo, cuando no ira, ante el llanto vivido como molesto, ignorando la función que cumple en la vida de un bebé.

Los matices de esta comunicación primitiva inicial, que algunos adultos tienen la fortuna de poder mantener a lo largo de su vida como intensa descarga emocional, van perdiendo su intensidad y variedad a lo largo de la vida, para dejar paso a la contención de la emoción y a la rigidez caracteromuscular.

Observamos una y otra vez, tanto en las consultas preventivas como en la vida cotidiana, como el primer mecanismo de control de la emoción en los niños, al igual que en los adultos se centra en la respiración. La respiración, como función vital, se ve comprometida en un intento de inhibir el llanto: el niño se ve obligado a contener su respiración/expiración para evitar sentir. Mecanismo que casi todos, consciente o inconscientemente hemos vivido, y que representa el primer freno que imponemos a la emoción, para evitar un castigo o humillación mayor.

El segundo mecanismo que junto al primero, va generando ya una tensión o bloqueo en el funcionamiento energético y por tanto observable con la emergencia de síntomas psicosomáticos o desórdenes emocionales, es el recurso de “apretar las mandibulas”. El correlato psíquico es el de “aguantar” sin enseñar los dientes, función que F. Navarro señala como ejercicio de expresión de la agresividad, es decir de respuesta al medio frustrante en defensa del propio espacio. Este mecanismo neuromuscular que genera ya un acorazamiento de este segmento (en términos de la coraza caracteromuscular descrita por W. Reich), tiene como objetivo mitigar la angustia que le genera el contacto con el exterior. Porque no sólo nos frustran, sino que además se nos impide expresar la protesta y la defensa. Sólo hay que observar el segundo cachete que recibe un niño por su atrevimiento a cuestionar la autoridad o el abuso de autoridad del adulto.

Y de esta manera y progresivamente, se va instalando una actitud de sometimiento o de contención emocional, según los casos que generan a su vez, otras emociones de índole secundaria (por razones de espacio, sólo mencionadas), como son las actitudes violentas, impulsivas, causa directa de los desencuentros destructivos comentados.

Son éstas emociones secundarias, fruto de la represión emocional durante la primera infancia, las que ejemplifican desde la perspectiva de la salud, la psicopatología social en la que estamos inmersos. La violencia de género, la violencia hacia los niños pequeños y ancianos, etc., tienen sus raices (además de otros factores sociales), en la miopía cultural imperante ante las necesidades afectivas infantiles y la respuesta sensitiva adecuada a las mismas.

Nuestra sociedad, necesita una reflexión urgente sobre los modelos de crianza actuales. No se trata de ofrecer consumismo a la primera infancia (TV. ordenador, juguetes, etc), sino la adecuada atención psicoafectiva, para favorecer un desarrollo sólido y saludable. Y los padres y profesores, además de los políticos, son los responsables.

Sobre Gi

Soy Gisela, treintañera, argentina, madre de dos loquitas preciosas de 7 y 13 años y recientemente de Baby Oliver. Lo mío es cada unos años :P Mi día está lleno de webs, blogs, social media, cosas bonitas, juegos y manualidades. Intento aprender fotografía, me gusta la cocina, la repostería y me pierde comer chocolate. Me gusta la ropa pero no la moda, me gustan las series pero no la TV, me gustan los bolis pero no escribo nunca, y me pierden los libros pero no tengo tiempo para leer tantos como compro. Autodidacta, hablo mucho, odio usar tacones a pesar de ser bajita, me gusta llevar moños y a veces pintarme las uñas de rojo.

8 comentarios en “La frustración innecesaria en la infancia

  1. Asi es. si no habeis leido el libro “el asalto al hades” la rebelion de edipo 1·parte, de Casilda rodrigañez,lo recomiendo encarecidamente. habla de todo esto con mucho detalle, del desarrollo del patriarcado y como nosotros lo reproducimos dia a dia con nuestra incosciencia. recomiendo tambien “la represion del deseo materno y el estado de sumision inconsciente”, de Ana cachafeiro y Casilda rodrigañez.
    esos libros han cambiado mi vida, mi consciencia, mi forma de sentir…todo. necesitamos despertar YA.
    felicidades a la autora del articulo. asi es.

  2. Me pareció muy interesante, a veces platicando con mi hermana y mi mamá de generaciones diferentes entramos en esta controversia, y al leer este artículo nos hemos quedado con un muy buen sabor de boca.

    Saludos cordiales, muy buen artículo

  3. mi bebe es prematuro se enoja con facilidad y llora bastante cuando no se atiende inmediato, me preocupa que se esta engordando mucho y no le he podido quitar el seno por la noche. tiene 4 meses

  4. Yina, tu hijo necesita atención, no lo ignores, todos los bebés necesitan que los atiendan.
    De noche aun tiene que seguir mamando! ¿por que quitarlo? necesita alimentarse a menudo! ¿con cuanto peso nació, cuanto pesa ahora?

    un saludo

  5. HOLA , ME SIENTO DESESPERADA, MI HIJO DE CUATRO AÑOS PEGA, A SUS AMIGUITOS DE CLASE, LE E LLEVADO AL PSICOLOGO Y A CAMBIADO POCO,NO TOMA ATENCION EN CLACE, PREFIERE JUGAR ANTES DE SENTARCE Y SIGUE PEGANDO.HACE DOS AÑOS VINE A ESPAÑA(CATALUNIA) CON MI PEQUEÑO, EL RECIEN CONOCIO A SU PADRE. MI NIÑO SE ENFRENTO A OTRO IDIOMA, GENTE, FAMILIA, ENTORNO. YA NO SE QUE HACER.

  6. Me ha encantado el artículo, lo comparto plenamente. Creo que es lúcido y acierta con el verdadero problema de nuestra sociedad, el que realmente está generando agresividad y carencias afectivas.
    María Miranda: creo que tu hijo se ha enfrentado a una situación de muchos cambios, igual que tú, y que poco a poco se irá adaptando. En cuanto al déficit de atención (si es que lo padece) está descrito que en los niños muchas veces encubre una depresión, y no se cura debido a que no se trata como tal.
    Por otra parte, los niños pegan por muchas causas -tienen menos recursos que los adultos-, y sería necesario responder a las situaciones teniendo esto en cuenta, y ofreciéndole en el momento alternativas a su comportamiento. Ejemplo: si pega a algún compañero que no juega con él, decirle que tiene que atraerle al juego de otro modo. Si es por enfado, enseñarle cómo se muestra el desacuerdo y como puede negociarse hablando. En todo caso, nunca se debe pegar al niño (le estaríamos enseñando que es un modo válido de comportarse). Hay que afearle la conducta, claro, pero buscando el modo de canalizar de otro modo el mensaje que él quiere transmitir pegando.
    Ánimo.

  7. Magnificos articulos, muchas gracias soy una mama Primeriza a punto de tener otro y realmente quiero educar de la mejor forma mis hijos

    Gracias

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