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Padres fumadores, hijos enfermos

Un bolsillo que parece roto por la renta del cigarrillo, la ‘tosecita’ molesta y el olor de cenicero en la ropa, la boca y las manos son algunas de las razones que muchos aducen para dejar el vicio. Sin embargo, existe un motivo más importante al que no todos le hacen caso: un hijo.

Si huirle al cáncer o a una Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) no es suficiente motivo que lo sea por lo menos la salud del pequeño que viene en camino o que vive cerca de usted.

Las consecuencias de que el bebé sea fumador pasivo no son pocas. Diversos estudios han demostrado que el humo de segunda mano puede ser más peligroso, debido a que no pasa por filtros, como el que es aspirado directamente.

Aquí se nombran algunos de esos peligros, para que, si tiene un hijo en casa, lo piense varias veces antes de encender el próximo cigarrillo.

Durante el embarazo

La placenta de las mujeres que fuman durante el embarazo llega a ser mucho más grande al final de la gestación. Así lo comprobó un estudio que fue publicado en la revista científica The Lancet. Este aumento significa un incremento en las posibilidades de muerte del niño dentro del vientre.

Un solo cigarrillo al día ocasiona el riesgo de tener un bebé con bajo peso, además de un daño pulmonar de base. Estas afecciones merman las capacidades con las que cuenta para enfrentarse al nuevo ambiente, fuera del cuerpo de la mamá.

De igual manera, puede sufrir alteraciones nerviosas, en comparación con los hijos de mujeres que no fuman.

Después del nacimiento

Si los bebés nacen con bajo peso, el riesgo de ingresar a la unidad de cuidados intensivos aumenta.

Para la neumóloga pediatra Danitza Madero, los niños también están expuestos a grandes riesgos cuando la mamá, a pesar de dejar el cigarrillo durante el embarazo, lo retoma en el posparto. “Se ha comprobado mediante estudios epidemiológicos de seguimiento, que los niños expuestos a un ambiente de humo de cigarrillo durante el primer año de vida y que tienen una infección viral tipo bronquiolitis, tienen más riesgo de presentar sibilancias (congestión y ruido en el pecho) recurrentes”, dice.

El estudio al que se refiere Madero lo realizó un equipo de científicos de la Universidad de Tucson, Arizona, en Estados Unidos, y se ha convertido en un referente para los especialistas en el área.

Los investigadores hicieron seguimiento, desde la gestación, a un grupo de niños hasta los 21 años. “Determinaron que los hijos de fumadoras durante el embarazo, al tener una infección viral en el primer año de vida, después presentan con mayor frecuencia estos episodios, debido a que la función del pulmón está alterada antes de que aparezca la enfermedad”, aclara Madero.

Eso significa que, desde su nacimiento, tienen un sello que los marca como pequeños con más riesgos de complicaciones cuando adquieren una enfermedad respiratoria, que puede llevarlos a emplear oxígeno, realizarse nebulizaciones constantemente e ingresar al hospital. El daño pulmonar con el que nacen aumenta nueve veces las posibilidades de sufrir repetidas crisis respiratorias.

Niños alérgicos

Definitivamente, los padres fumadores no contribuyen a que sus hijos puedan controlar adecuadamente diversas alergias, según la neumóloga.

El pediatra alergólogo Francisco Leal Quevedo asegura que los niños nacen con los pulmones en ‘obra negra’ y la labor de los padres es fundamental para la culminación de su ‘construcción’.

Por eso, exponer al niño a este humo dañino “tiene mayor incidencia en el desarrollo de asma en el pequeño, debido a que las vías respiratorias, en la gestación, se formaron mucho más pequeñas de lo normal”, afirma el pediatra.

El Centro Respiratorio de Arizona asegura que los efectos de ser fumador pasivo son tos, dolor de cabeza y ojos irritados. Pero las consecuencias son más graves cuando se tiene contacto con el cigarrillo en la casa en la que se habita. Ese humo contiene cuatro mil químicos, de los cuales 200 son venenosos y 63 causan cáncer.

Madero aclara que “el humo de cigarrillo produce exacerbación en la sintomatología de pacientes alérgicos, es típico el paso de un niño asmático o rinítico cuyos síntomas se acentúan por el humo y por su olor. Por eso se les hace énfasis a los padres, que a pesar de que fumen fuera del domicilio o en la ventana, esa razón solo es un mecanismo de defensa para justificarse”.

El olor del cigarrillo permanece en la ropa, el pelo, las manos y la boca. Entonces, antes de acercarse a un niño, especialmente si padece alguna alergia, debe cambiarse la ropa y bañarse la boca y las manos. De lo contrario, “le irrita las vías respiratorias altas y genera más síntomas. Por eso se ve el niño con rinitis alérgica que no mejora”, dice la experta.

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