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Pegar a los hijos carece de sentido

Existen muchas formas de entender el castigo físico. Muchas formas de explicarlo y definirlo. Sin embargo, hay una que reúne los variados conceptos: el castigo físico es el uso de la fuerza causando dolor, pero no heridas, con el propósito de corregir una conducta no deseable en el niño. Esta definición fue difundida por Save de Children, dentro de la campaña “Educa, no pegues”, empleada para la sensibilización contra el castigo físico en la familia.

Todos hemos vivido situaciones de castigo físico alguna vez. Un azote, un capón, o un cachete, é usado por muchos padres para frenar la rabieta o la desobediencia de los hijos. Son escenas tan cotidianas en nuestra sociedad que a muchos no les parece nada extraño, y nada cuestionable. Sin embargo, es algo que hace sentir mal no solo a los niños como también al que lo aplica. Y ¿por qué será? ¿Os habéis preguntado el por qué después de pegar al hijo uno se siente tan mal?

Educar o pegar

La práctica del castigo físico está fuertemente enraizada en nuestra sociedad en la que se ha trasmitido a través de las generaciones, pero eso no quiere decir que sea la mejor o la ideal forma de educar a un niño. Como padres, y dentro de una sociedad que cada día se preocupa más con la educación de los niños, debemos buscar alternativas más constructivas y positivas, que estimulen su desarrollo sano, y que nos haga sentir bien a todos. No queremos declarar culpables a los que usan el castigo físico como norma de educación. Solo queremos que despierten y experimenten para otras formas más constructivas de educar. El pegar no enseña, no educa, solo representa amenaza y sumisión a los niños. El castigo físico enseña al niño a tener miedo y a ser sumiso a tal punto de disminuir su capacidad para crecer como persona autónoma y responsable.

Por qué pegan los padres a sus hijos

Existen muchos motivos por los que los padres recurren al castigo físico:

– Porque lo consideran oportuno para la educación de sus hijos

– Porque lo utilizan para descargar sus nervios

– Porque carecen de recursos suficientes para afrontar una situación difícil

– Porque no poseen las habilidades necesarias para conseguir lo que quieren

– Porque no definen bien las situaciones sociales en las que las emiten

– Porque no consiguen controlar sus emociones

Si reflexionamos acerca de los motivos que llevan a los padres a pegar a sus propios hijos, nos damos cuenta de que carecen de sentido. NO justifican a la sanción física, y no convencen como forma de educación. Los efectos que produce el castigo físico hacen daño a todos, a padres y a hijos. Por lo tanto su erradicación es una obligación ética.

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