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Preguntas y respuestas sobre la masturbación infantil

¿Es perjudicial la masturbación infantil?
La autoestimulación de los genitales, término elegante de la conocida masturbación, ha sido por generaciones relacionada con situaciones negativas y hasta con el desarrollo de enfermedades como la esterilidad, el acné, el retardo mental, la fatiga física y la aparición de pelos en las manos. Es obvio que nada de esto es real y es absolutamente normal.

¿Por qué se masturba?
La búsqueda de placer mediante la autoestimulación genital es un proceso normal y forma parte del desarrollo psicosexual del ser humano. Se trata de una etapa más del proceso madurativo del bebé que tiene lugar entre los 2 y los 4 años de edad.
Los bebés experimentan sensaciones naturales placenteras con el rozamiento de sus genitales con el pañal u otra superficie, y esto es tan espontáneo como la necesidad de comer, dormir o defecar. Es normal que el bebé busque elementos de rozamiento, en respuesta a un llamado natural de su cuerpo, sin que exista fantasía sexual, como ocurre en el adolescente o el adulto. Es frecuente descubrir a los niños tocándose con placer, sin ningún disimulo, expresando gran concentración, realizando movimientos de hamaca, que los conduce a ponerse colorados y hasta transpirar profusamente. Estas actitudes despiertan inquietud y desconcierto en los padres al no saber como reaccionar.

¿Qué debo hacer ante esta situación?
Lo más sano y adecuado es NO reprimir, cuidar que no se dañen físicamente y acompañarlos en este proceso, demostrando permanentemente afecto, comprensión y paciencia.
Deben observar sin mirar, evitando miradas, gestos o palabras de desaprobación. Fundamentalmente tomar conciencia de que la etapa genital del bebé es tan natural como la oral o la anal. Si lo hace en público, intenten atrapar su atención hacia otro estímulo y poco a poco, con ternura y mucha paciencia explicar que ese juego corresponde al ámbito privado, del mismo modo que más adelante llegará a comprender que ir al baño también es un acto íntimo.
Toda actitud represiva o intimidatoria provocará desconcierto en el bebé, que sentirá miedo y quizás manifieste agresión, al no comprender el por qué de la desaprobación de un acto placentero para él. La represión podría conducir a que en el futuro, siendo adulto, relacione al sexo con la violencia o lo prohibido y lo viva con culpa.
Los papás deben estar atentos a la actitud de los abuelitos u otras personas en contacto frecuente con el bebé, ya que nadie debe intervenir o reprimir estas actitudes.

Vía: Babysitio

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