Resultados para "María Paula Cavanna"
Enero 29, 2008 by Para el Bebé · 2 Comentarios
Decidí escribir este artículo porque detrás de todos los temas que se refieren al embarazo, parto y crianza, detrás de cada consulta, de cada duda, hay al menos dos personas (la mamá y su bebé) que están aprendiendo a relacionarse, que se están conociendo, descubriendo; que están improvisando en este nuevo mundo que les toca vivir. Ambos están confundidos, aturdidos, rodeados de novedades e incertidumbres.
Y en este clima es normal, comprensible y hasta esperable, que se produzcan dudas, llantos, temores, sensaciones nuevas. Y lamentablemente también es normal que haya alrededor personas que nos digan lo que tenemos que hacer, que nos digan “primerizas” y que eso suene despectivo, casi humillante, descalificante. Nos hace sentir inexpertas, más confundidas, “malas” madres.
Cuando quedé embarazada de mi primera hija, desde mi primera consulta al obstetra hasta mucho tiempo después, me encontré con gente - profesionales elegidos por mí, vecinas, parientas, amigas, todas muy “experimentadas”- que a veces con la mejor buena voluntad, a veces no tanto, me decían lo que tenía que hacer.
Así se decidió la cantidad de ecografías que me harían, los análisis a los que me sometería, la clínica donde nacería mi hija, la presencia o no del padre en el parto (yo quería, pero el doctor decidió que no); el tiempo de internación, los complementos que necesitaría mi bebé, los estudios que le realizarían.
Alguien determinó que mi leche no servía, mientras otros “sugerían” marcas de pañales, cantidad razonable de horas de sueño, posiciones para dormir, cantidad aceptable de “upas”(uno más malcriaría a mi hija); modelos de chupetes, compotas para desconstiparla y cientos de cosas más.
Si estás embarazada o si ya sos mamá, tal vez algo de todo esto te suene familiar. Esa es la idea de esta nota. Porque para una lactancia exitosa, para una maternidad exitosa, para una vida exitosa, hay muchos profesionales que podemos ayudar, orientar, acompañar, pero lo único indispensable es una mamá, un papá, una persona con la seguridad de que está haciendo lo correcto, lo mejor.
Con la certeza de que en tanto animales, los humanos tenemos instintos que nos dicen sabiamente qué es lo mejor para nosotros y lo mejor que podemos hacer por vos - futura mamá, mamá- es devolverte la seguridad que nunca debiste haber perdido; darte confianza, creer en tus capacidades. Orientarte, sí; aconsejarte también, siempre en la medida en que vos lo solicites, lo necesites; siempre dándote opciones, y la posibilidad de elegir.
Nunca hay una sola salida. Hay distintas posiciones para parir, distintas corrientes médicas, distintas opiniones acerca de las cosas que te preocupan. Tenés derecho a elegir, podés cambiar de médico, podés plantear tus deseos y necesidades, tus preferencias, podés escuchar todas las versiones que quieras, pero SOLO vos serás quien tome la decisión final, quien adapte esas sugerencias a su propia experiencia.
En esta aventura de ser padres, se nos presentan dudas a diario. Hoy es acerca de los pañales, el destete; mañana será acerca de los límites, la elección del colegio. Hasta el último día de nuestras vidas vamos a ser “primerizos”. Siempre habrá situaciones que nuestro hijo mayor atraviese por primera vez.
Cada familia es única, irrepetible, y va escribiendo su propia historia. Mi experiencia, la tuya, puede servirle a otros, pero raramente se adapte a la perfección a sus necesidades, a ese momento tan particular y único como lo es traer un hijo al mundo.
Es tentadora la idea de aconsejar, porque en este momento de tanta vulnerabilidad, todos nos ponemos un poco ansiosos (los que lo están viviendo, y los de afuera también) y es difícil tolerar la ansiedad, a veces la angustia y la incertidumbre. Pero la realidad nos muestra que, al final de la historia, si uno sabe esperar, los padres terminan encontrando las respuestas, las soluciones, dentro de ellos mismos. Probando, equivocándose, pero escribiendo su propia historia.
Por eso, mi intención es ofrecerte, simplemente, una “alternativa de vida”, mostrarte otros caminos, darte algunas sugerencias para que tomes la que necesites, la que se adapte a tu estilo. O para que las descartes, haciendo uso de tu libertad para elegir, de tu responsabilidad como papá o mamá, y sintiendo que de todos modos, para esa personita que está ahora dentro de tu panza, o que duerme mientras leés esta nota, sos lo mejor, lo único.
Sos todo su mundo, y se abandona confiado a tus brazos sabiendo que nunca serías capaz de hacer algo que lo lastime. Aunque te equivoques. Porque en definitiva, de eso se trata la lactancia, la maternidad, la vida: de dudar, probar, equivocarse y volverlo a intentar. Ese es el mejor ejemplo que podemos darle a nuestros hijos.
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Lic. María Paula Cavanna
Psicóloga
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Tags: Embarazo · Lactancia · Maternidad · Niños
Enero 29, 2007 by Para el Bebé · 23 Comentarios
María Paula Cavanna (una de mis favoritas junto a Carlos González), responde frase a frase cada una de las indicaciones del Dr. Estivill en su libro “Duérmete niño“, con inteligencia y respeto.
A DORMIR SE APRENDE: A dormir NO se aprende, como no se aprende a caminar, ni a controlar esfínteres. Son adquisiciones que se dan cuando el niño está maduro para ello. Hay decenas de estudios acerca del sueño infantil, de cómo se alternan las fases REM con las otras, y de por qué es fisiológico que el niño se despierte varias veces durante la noche.
DORMIR ADECUADAMENTE: No hay modos adecuados o no adecuados de dormir. Cada uno duerme como duerme, no se puede forzar a la gente a que duerma 8 horas si tiene necesidad de dormir 5 ó 12. Como no se puede forzarlas a respirar más veces de las que necesita, o a comer más de lo que necesita.
LOS PADRES DEBEN TENER UNA CONDUCTA ACTIVA: Sí, activa en cuanto a mecerlos, acunarlos, abrazarlos, darles teta, y acudir cada vez que sus hijos los llamen. No hay nada que los padres debamos “hacer” para que los chicos se duerman, simplemente acompañarlos en sus necesidades.
EL BUEN DORMIR NECESITA DE UN AMBIENTE SERENO Y OSCURO: Los bebés vienen de la panza de la mamá, que no es un ambiente ni sereno ni oscuro. El silencio y la oscuridad asustan a los chicos, de todas las épocas. Todos vimos alguna vez bebés que se duermen en el shopping o en un casamiento sin problema alguno. Las personas dormimos cuando tenemos sueño, simplemente. Por supuesto que no estoy sugiriendo dormir a nuestros hijos en una discoteca, sino aclarar que la oscuridad es atemorizante para cualquier niño, cuanto más pequeño, es peor. Y lo mismo ocurre con el silencio. Dormir cerca de otros seres humanos -cosa que se ha hecho desde la época de las cavernas, para permitir la subsistencia, y cosa que los adultos hacemos cada vez que podemos- es la conducta natural de cualquier bebé humano.
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Tags: Alimentación · Bebés · Lactancia · Niños · Sueño
Diciembre 9, 2006 by Para el Bebé · 1 Comentario
Las mamás que trabajamos, disponemos de contados minutos para estar con nuestros hijos. EL rato de verlos es entre cacerolas y sartenes, y el baño diario y el orden de la habitación.
Las que estamos todo el dia con los peques, sentimos que estamos TODO EL DIA con ellos, pero si desmenuzamos la cosa, vemos que ellos anduvieron detrás nuestro durante toda la mañana y nosotras diciéndoles “espera, ahora no, en un ratito.” Luego llegó el momento de jugar, y sonó el teléfono y nos enganchamos media hora, y luego se hizo la hora de comer.
Los hemos bañado, les quitamos los piojos y los hicimos dormir la siesta.
Y llega la noche, y estamos hasta la coronilla de ellos.
Pero no hicimos contacto.
Los quince minutos consisten en esto:
Nos sentamos EN EL SUELO (esto es FUNDAMENTAL) no vale estar en una silla más alta, ni en otra parte. Es a su altura.
Durante este rato, estamos con ellos, EXCLUSIVAMENTE. Esto es que no tendremos el pollo en el horno, ni atendemos el teléfono, ni les enseñamos cómo se juega al dominó. Estamos allí, para ellos, a disposición.
SI eligen hacer un trencito con el dominó, pues bien. Allá vamos.
Esto va para los recién nacidos, y para el adolescente de 15 años. El tema es que cuando nos disponemos a hacerlo, no damos cuenta del escaso tiempo que pasamos con nuestros hijos, de que creemos que estuvimos pero no estuvimos, y comprendemos cuán pacientes y tolerantes son, porque viven aceptando nuestras postergaciones. Claro que cuando se hartan de nosotros y nos lo hacen saber, los tildamos de “caprichosos” y listo. Maravillas del poder adulto, que acalla todo aquello que le estorba.
PRIMER TEMA: La mitad más una de nosotras diremos que no tenemos tiempo.
Y se los creo. Me incluyo.
Pero si sacamos cuentas, pasamos mucho más tiempo aguantando berrinches, o discutiendo, o intentando que ordenen sus cuartos, que se bañen o que colaboren en la casa. Y todo esto es mucho más fácil de lograr cuando ellos ya han tenido lo que necesitaban: a nosotras.
SEGUNDO TEMA: Es prácticamente imposible tolerar media hora allí. Simplemente intolerable.
Se nos ocurren 400 cosas para hacer, para anotar, decimos “un segundito y vengo” y nos escapamos.
Es muy fuerte estar frente a este espejo que son nuestros hijos, simplemente no haciendo nada. Hagan la prueba, las invito!!!!
La consulta de moda son los niños con ADHD (que traducido es algo así como déficit de atención e hiperkinesia). Pero resulta que investigando, son niños que tienen que hacerlo todo “a mil” porque nunca nos tienen en exclusiva para ellos. Nos hablan rápido, juegan poquito rato y no pueden fijar la atención.
Y nosotros…cuánto fijamos la atención en ellos??
A mi, como mamá, la primera vez que me senté en el piso, me pasó que terminé llorando. Me angustié muchísimo.
Simplemente no podía estar allí, sin hacer nada. Necesitaba enseñarle algo a mi hija, o decirle cómo se jugaba, o intervenir. Me costó -y me cuesta todavía- dejarme llevar, que ellos propongan las actividades, a su manera. Ser uno más, y no su mamá o su educadora.
Estemos disponibles.
Con los más grandecitos (ideal cuando hay celos por el hermanito) es lindo salir a desayunar solos, o a la plaza, a donde sea, solos.
Ocurren maravillas.
Tratemos a los niños como nos gustaría que nos traten a nosotros.
Si nuestro compañero nos tratara así… si nos escuchara mientras se afeita o fríe milanesas…si no se detuviera a mirarnos a los ojos un rato largo…sentiríamos que algo no anda bien. Pues algo no anda bien en la forma en que criamos a nuestros hijos.
Para relacionarnos, necesitamos hacer CONTACTO.
A todos nos es más fácil aceptar que el otro haga lo que tiene que hacer, si ya hemos tenido “nuestro ratito”. Los niños son seres humanos, y tienen la misma capacidad de comprensión desde que nacen hasta que mueren (F. Doltó)
Lic.María Paula Cavanna
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Tags: Alimentación · Niños
Noviembre 26, 2006 by Para el Bebé · 69 Comentarios
Cuando un bebé nace, la mayoría está de acuerdo en que hay que amanantarlo.
A medida que los días van pasando, comienzan a aparecer personas que nos dicen que sería mejor complementar con una mamadera “así duerme toda la noche” “así sabés cuánto toma cada vez”, etc. Cuanto más crece el bebé, más tenemos que lidiar con aquellas personas que nos dicen “¿Cómo… todavía??”
Pero quizá el momento más difícil se presenta alrededor del año, cuando nuestro hijo empieza a caminar.
En ese momento nos cuesta amamantar en público, la gente nos dice que el chico será muy dependiente, que algo nos pasa a nosotras por lo cual no podemos “soltar”a nuestro hijo, e infinidad de cosas más que nos avergüenzan, y en estas condiciones se hace muy difícil seguir adelante.
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Tags: Lactancia · Niños · Salud
Septiembre 28, 2006 by Para el Bebé · 161 Comentarios
El control de esfínteres no se aprende, se adquiere cuando el niño está maduro para ello. Caminar, hablar, comer, son funciones que se adquieren, cuando los niños están lo suficientemente maduros. Son adquisiciones paulatinas, lentas, que llevan mucho tiempo.
Aunque la estimulación puede influir en algunos niños, lo cierto es que todos intentarán caminar alrededor del año, comer alrededor de los 6 meses, y controlar esfínteres entre los 2 1/2 y 3 años. No hay ningún apuro, puesto que la edad para comenzar a hacer todas estas cosas, no tiene relación alguna con el desempeño posterior en la vida adulta, y a nadie le van a preguntar en la universidad, a qué edad aprendió a caminar. Los adultos deberíamos preguntarnos qué nos pasa que estamos tan apurados por conseguir logros en nuestros hijos.
Al haber fijado como “normal” la edad de 2 años para el control de esfínteres, nos hemos creado un problema y sobre todo, se lo hemos creado a nuestros hijos.
Bien entrada la segunda mitad del segundo año de vida (o sea, después del año y medio), algunos bebés pueden empezar a darse cuenta cuando tienen sucio el pañal, e incluso a saber cuando “se lo están haciendo”. Este es un lento proceso que puede llevar alrededor de 2 años más, desembocando en el control de esfínteres.Es frecuente escuchar a las mamás excusando a sus hijos que se lo hicieron encima, diciendo “estaba tan entretenido jugando, que se olvidó”, o preguntando millones de veces antes de salir de cada lugar, si quieren hacer pis, o limitando la ingesta de líquidos a la noche para que aguante sin mojar la cama. Cuando el control de esfínteres está adquirido, estas escenas son infrecuentes. A los adultos y a los niños mayores no nos ocurren estas cosas.
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Tags: Alimentación · Bebés · Niños