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Noviembre 28, 2008 by Para el Bebé · 2 Comentarios
¿Cuántas veces sentimos ante un niño o una niña pequeña, que nos está tomando el pelo?
¿Cuántas veces hemos pensado, que están “sordos”?
¿Qué paciencia hay que tener en el difícil oficio de ser madre y padre!
¿Por qué les cuesta tanto escucharnos? ¿Por qué no colaboran?…
Estas reflexiones y sensaciones son bastante comunes en el mundo de los adultos. Pero ¡vaya sorpresa nos llevaríamos, si supiéramos lo que ellos sienten!
¿Por qué les cuesta tanto hacer lo que les pedimos?, ¿nos están probando?
Los adultos interpretamos la conducta de nuestros hijos o hijas con el cristal de nuestra experiencia vital adulta, donde todo está teñido de intencionalidad. Leemos en sus actos una “intención”, como ocurre en el mundo adulto. Además estamos convencidos que nosotros “sabemos” y ellos “no”. Y ahí comienza una batalla a veces desesperante por hacernos entender, que acaba en más de un llanto y pataleta cuando no en enfados e impotencia. Es decir, en desarmonía, que es precisamente lo que no deseamos.
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Tags: Educación
¿Que pasaría si no hubiera pelvis? ¿Y que tal si la pelvis tuviera tan poco que ver con como nace un niño como el tamaño de la nariz de la madre?. Después de más de 20 años atendiendo partos estas son las conclusiones a las que he llegado.
La pelvis se abre en tres puntos: la sínfisis pubiana y las dos articulaciones sacro ilíacas. Estos puntos estás llenos de hormonas relajantes: la pelvis empieza a deshacerse literalmente a partir de la 34 semana del embarazo. Además de estas caderas móviles, amplias y flexibles, la naturaleza ha dado a los humanos el premio extra de tener una cabeza de bebé amoldable, plegable y que se encoge. Igual que una olla al vapor tiene tapas que se ajustan a todas la cazuelas, los cuatro huesos superpuestos que forman la cabeza del bebé se ajustarán al cuerpo de la madre.
Cada mujer que vive hoy en día es el resultado de millones de años de selección natural. Las mujeres de hoy están al final de la evolución, son las que tienen los huesos que les permitieron llegar hasta aquí. Con la excepción de los últimos 30 años, casi todos venimos de generaciones maternas de partos vaginales suaves y normales. Antes de estos últimos 30 años, hubo problemas graves en algunas mujeres debido a la malnutrición materna y a las infecciones hospitalarias.Hace unos 20 años, los médicos decían a las mujeres que la razón por la que les habían hecho una cesárea era porque la cabeza del bebé era demasiado grande para pasar por su pelvis. El problema empezó cuando estas mismas mujeres se quedaban en casa para los siguientes partos y daban a luz a bebes aun más grandes por la misma pelvis. Esto ra algo muy embarazoso para los médicos. Así que empezaron a decir: bueno, que bien que hicimos esta cesárea por que el niño venía con dos vueltas de cordón alrededor del cuello. Esto es lo que más he oído en los últimos 10 años.
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Tags: Cesárea · Maternidad · Parto
Abril 28, 2008 by Para el Bebé · 10 Comentarios
Los tres años de vida de Molly fueron perfectos. Ella era el centro de atención en un triángulo de amor perfecto: mamá, papá y niña. Tenía la atención completa de sus padres para todo, y sabía exactamente que esperar. Nunca tuvo que compartir a sus padres con nadie.
Entonces llegó a su vida un intruso, tratando de ocupar su lugar central ¡Ha nacido una estrella! La gente rodea al joven rival con “oohs” y “ahhhs” y lo colman de regalos. Molly ya no es el miembro más importante de la familia. Cuando intenta obtener atención al mismo tiempo escucha “Ahora no, tengo que atender al bebé”. Cuando llega una visita, ella es pasada por alto con un “Oh, que hermoso bebé”. La desilusión ante su aparente degradación se transforma en enojo con el pequeño advenedizo ¿quién la ha destronado? y se siente confundida porque todos le dicen que tiene un hermanito tan lindo.
Muchos padres en esta situación tratarán de suavizar las cosas desde la lógica del adulto. Pero antes de hacerlo, deberían considerar como se ve la situación desde los ojos de su hija: “Piensa en el lado positivo, haz ganado un compañero de juegos”. (La lógica de la niña: “Tengo compañeros de juegos de sobra ¿Acaso yo pedí uno más? Y éste no puede jugar - todo lo que hace es llorar”) “Mamá y papá te aman igual” (”¿Entonces porqué el bebé está siempre en sus brazos y yo no?”) “Necesito estar más tiempo con tu hermanita porque los bebés necesitan mucho a su mamá, como tu cuando eras un bebé” (”Yo prefiero ser todavía bebé. Y necesitar a mamá también. Además, yo no recuerdo haber sido un bebé”) “Mamá está ocupada, pero tu y papá pueden hacer algo especial” (”¿Porqué necesitan un bebé? ¿Yo no era lo suficientemente buena?”) “Tu te vas a acostumbrar a ella, y ella va a ser divertida para jugar” (”Odio a esa bebé. Ella destruyó toda mi alegría. ¿Cuándo vas a devolverla mami?”)
Meses después de hacerse esas ilusiones, la realidad la golpea. El bebé no fue devuelto. De hecho, está creciendo, gateando y metiéndose en todas sus preciosas posesiones antiguas. Entonces, la niña se atrinchera para defender su territorio del enemigo, que destruye sus torres de bloques y molesta a sus compañeros de juegos. La hermana mayor dedica el resto de sus años de niñez a competir por el premio familiar: la atención de sus padres.
Introduciendo al nuevo bebé: 11 formas suaves
Algunas disputas entre hermanos son inevitables, aunque el grado de éstas depende de los años de los niños, de la compatibilidad de sus caracteres y el nivel de conflicto que los padres permitan. Un niño criado con apego tendrá un periodo de adaptación a la nueva situación más sencillo, ya que él obtuvo lo que necesitaba cuando lo necesitó. No se sentirá celoso viendo cómo otra persona ve cubiertas sus necesidades. Los niños alrededor de tres años, tres años y medio a menudo reciben al nuevo bebé en el hogar, bien con los brazos abiertos o como una novedad, y a veces parece que esos niños, al menos aparentemente, no parece que se sientan celosos. Ellos pueden competir más por un rato de juego con “su” bebé que por la atención de sus padres. Ser comunicativo le ayudará a adaptarse a los cambios. Pero es habitual para los más pequeños sentirse disgustados durante un tiempo (las cosas nunca volverán a ser iguales ni para los padres ni para el hermano mayor). Incluso tratando de hacerlo todo “de forma correcta” y ver cada pequeña herida en el hermano mayor en los primeros meses, una vez el nuevo bebé alcanza los ocho meses y puede gatear, el mayor sentirá que hay intrusiones en su espacio. Algunos trucos para presentar el nuevo bebé al mayor.
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Tags: Bebés
Abril 16, 2008 by Para el Bebé · 5 Comentarios
Introducción
Nuestro hijo Yonatan vino del teatro la Navidad pasada y nos relató algo que observó allí. En el camino del teatro al vestíbulo él se percató de que los padres enseñaban a los niños a pedir un caramelo a Papá Noel con un “por favor”, y luego de obtenerlo decir “gracias”. Yonatan fue al vestíbulo y quedó perplejo. Él vio que los niños sí decían “por favor” y “gracias”, pero que sus padres iban y tomaban sus caramelos sin decir nada.
“Los padres de estos padres deben haberles enseñado a decir “por favor” y “gracias”, pero parece que ellos no lo aprendieron”, dijo. “¿Piensan que estos niños también van a parar de decir “gracias” cuando crezcan?”
¿Qué esperamos que un niño aprenda cuando le decimos: ¿“Da las gracias a tu amigo?” La mayoría de los padres cree que el niño aprenderá a ser agradecido, y a expresar su sentimiento de gratitud. Pero, ¿aprenden los niños estas cosas al decirles que las hagan? ¿Cómo nos sentíamos de niños cuando nos hacían decir “gracias”? ¿Cuándo desarrollamos un sentimiento sincero de gratitud? ¿Es que el decir “gracias” antes de desarrollar el sentimiento correspondiente nos hizo ser agradecidos? O ¿es que desarrollamos posteriormente nuestro sentido de gratitud, sin relación a estas instrucciones? ¿Es posible que algunos de nosotros experimentemos resentimiento cuando debemos dar las gracias a alguien, compartir, o pedir perdón, porque de niños odiábamos hacer estas cosas?
Tal vez estemos lidiando con nuestra incapacidad de confiar. ¿Es posible que la gratitud sea un sentimiento que no pueda ser experimentado por un niño, o al menos no en la forma en la que los adultos la expresan? ¿Podría ser que cuando las necesidades de la infancia están completamente satisfechas, la gratitud se desarrolle en forma natural? Tal vez necesitemos permitir a los niños el observar la gratitud, generosidad y bondad, en lugar de tratar de enseñarles estos comportamientos.
Qué es lo que aprenden al ser instruidos
Si el instruir a un niño a decir “gracias” (y otras palabras y acciones de buena conducta) no les enseña a sentir y expresar la gratitud en forma auténtica -¿qué es lo que hace?
Algunas posibilidades:
El niño aprende que decir a otros lo que deben decir es “buena conducta”. El contenido de la “conversación” está prácticamente perdido ya que el niño está principalmente consciente del hecho de que alguien le está diciendo qué hacer.
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Tags: Educación
Marzo 21, 2008 by armandilio · 8 Comentarios
Estoy dormida, no, estoy inconsciente. Sí, parece que estoy inconsciente y estoy despertando. Ay, no sé cómo explicarlo, es como si estuviera inconsciente, con los ojos cerrados, pero sin embargo estoy de pie. No tiene mucho sentido. Intento adivinar donde estoy, no puedo abrir los ojos, todavía no. No sé donde estoy, pienso en qué hice ayer y recuerdo que desperté con el sonido del despertador. Juan se levantó para ir a trabajar. Le besé y se marchó. Me acerqué a ver a Ivette, mi niña. Dormía en el moisés. Qué felices somos desde que nació, hace 3 semanas. Recuerdo que la observaba dormir, respirar. Hizo una mueca y apretó un poco los párpados. ¿Qué sueñas mi niña? – pensé. Recuerdo que por un momento pensé que sería bonito poder entrar en su mente, conocer sus pensamientos, ver la vida a través de sus ojos, sentir sus sensaciones y así conocer cómo funciona su pequeño cuerpecito y ver qué pasa por su pequeña cabecita. Sería tan bueno poder recordar esa época de nuestra infancia. Recuerdo que el día de ayer pasó sin más, sin ser diferente en absoluto de otros días. Incluso recuerdo el momento antes de acostarme, con Ivette mamando de mi pecho, recibiendo mis caricias, susurrándole una canción al oído. Es tan precioso verte dormir, amor mío. Se durmió, y muy despacito la dejé en el moisés. Salí de la habitación, recogimos la cocina Juan y yo, comentamos algunos planes para el fin de semana, nada definitivo, y nos fuimos a la cama. Miré de nuevo a Ivette desde la cama, la oía respirar y me tranquilizaba. Buenas noches vida mía. Buenas noches Juan.
Nada me ayuda a esclarecer mi situación. Empiezo a abrir los ojos. Aaarrgghhhh! Me duelen, demasiada luz…penetra en mis ojos, en mi mente, todo es blanco resplandeciente, como si viviera en el sol, pero sin calor, más bien todo lo contrario, siento frío, es como una luz helada, imposible ver nada. Poco a poco baja la intensidad, levanto mis manos y las giro para observarlas. Sigue habiendo mucha luz, pero distingo las formas de mis manos. Muy borroso, lo veo todo borroso. Me toco. Llevo una ropa liviana, quizá sea el camisón. Pero está húmedo, como si hubiera llovido hace poco. Miro al suelo y al frente, veo personas, veo figuras que caminan. Debo estar en medio de la calle. ¿En camisón? Que vergüenza…
Me siento pesada, como clavada al suelo, como drogada. Drogada pero con dolor, me duele todo el cuerpo, todas las articulaciones, la cabeza, como si acabara de recibir una paliza.
Las figuras indescriptibles empiezan a ser más visibles para mi. Ya no me deslumbro al mirar las cosas, me miro de nuevo. Sí, llevo un camisón, como…como de hospital. ¿Acaso me he escapado de un hospital? Ay dios mío, pero qué mal lo estoy pasando…intento caminar, descalza, doy un traspié. Mis piernas no responden como yo quisiera. Izquierda, derecha, izquierda…tengo que pensarlo antes de hacerlo, veo como mi pierna ejecuta la acción torpemente, luego la otra. Estoy andando. Debo dar muy mala impresión porque tengo un equilibrio espantoso. El dolor me impide hacerlo mejor. El mareo estropea mi estabilidad. Me acerco a una pared y me ayudo de ella para seguir avanzando. Aparto una gota que recorre mi frente hasta mi barbilla. Tengo el pelo mojado, separado en infinidad de mechones mojados que gotean y mojan mi ropa más si cabe. La gente camina, hace su vida. Veo cómo unos me observan y como otros ni siquiera reparan en mi. ¡Que angustia! ¿Donde estoy? ¡A-yú-den-me! – las sílabas salen de mis labios pero no parecen llegar a nadie.
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Tags: Bebés
Marzo 18, 2008 by Para el Bebé · 5 Comentarios
por Ann Calandro
Los bebés que encuentran oro durante la primera semana, son recompensados con un tesoro para toda la vida.
Mucho antes de que un bebé nazca, la naturaleza comienza a preparar su suministro de alimentos. Alrededor de la décimo-sexta semana de embarazo, los cambios comienzan a ocurrir en los pechos de su madre. La ampliación leve de los alvéolos (el racimo de uvas donde se produce la leche) comienza, generalmente de modo inadvertido para la madre. Para el nacimiento del bebé, la naturaleza ha preparado un asombroso alimento: Calostro.
El calostro es un alimento muy especial, uno de los alimentos más importantes que el bebé comerá en su vida. Es la leche joven temprana producida en los pechos de la madre, preparada especialmente para los primeros 2 a 5 días antes de que la leche madura comienza a ser producida. Como transición de los bebés a vida fuera del útero, el calostro es el alimento ideal. En verdad es más que un alimento; es también la primera inmunización del bebé. Resuelve justamente las necesidades de un bebé recién nacido. Cada vez que el bebé lacta, recibirá unas cucharaditas de calostro, la cantidad exacta necesitada para su estómago pequeño y sus riñones no maduros.
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Tags: Alimentación · Lactancia
Febrero 6, 2008 by Para el Bebé · 31 Comentarios
¿Y si quiero destetar a mi bebé?
Por Diane Wiessinger MS, IBCLC
El hecho de amamantar a tu bebé aunque sólo sea durante un día es el mejor regalo que puedes hacerle. La lactancia natural es casi siempre la mejor elección para tu bebé. Si en este momento no te parece la mejor opción para ti, estas recomendaciones puede que te ayuden.
SI AMAMANTAS A TU BEBÉ DURANTE TAN SOLO UNOS DÍAS, habrá recibido el calostro, o primera leche. Al darle a su recién estrenado organismo los anticuerpos y la comida que espera, la lactancia materna le otorga a tu bebé su primera –y más fácil- “inmunización”, y ayuda a su sistema digestivo a funcionar sin problemas. El amamantamiento es el comienzo que tu bebé espera, y ayuda a tu propio cuerpo a recuperarse del parto. ¿Por qué no usar el tiempo de que dispones en el hospital para preparar a tu bebé para la vida a través del don de la lactancia natural?
SI AMAMANTAS A TU BEBÉ DURANTE CUATRO O SEIS SEMANAS, le habrás ayudado a superar la fase más crítica de su infancia. Los recién nacidos que no son amamantados son mucho más susceptibles de enfermar o ser hospitalizados, y tienen muchos más problemas digestivos que los bebés amamantados. Además, al cabo de 4 ó 6 semanas, probablemente ya habrás superado cualquier pequeña preocupación que puedas haber tenido relacionada con dar el pecho. Haz un serio intento de amamantar durante un mes, llama a La Liga de la Leche o a un Grupo de Apoyo a la Lactancia si tienes cualquier duda, y podrás entonces decidir si quieres seguir amamantando.
SI AMAMANTAS A TU BEBÉ DURANTE 3 Ó 4 MESES, su sistema digestivo habrá madurado considerablemente, y tolerará mejor las substancias extrañas que hay en la leche de fórmula. Sin embargo, si existe un historial de alergias en la familia, le ayudarás a reducir el riesgo de padecerlas si esperas algunos meses más antes de añadir nada de nada a su dieta de leche materna. Y el hecho de no darle nada más que tu leche durante los primeros cuatro meses le aporta una alta protección frente a las infecciones de oído durante todo un año.
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Tags: Bebés · Lactancia · Niños
Enero 29, 2008 by Para el Bebé · 2 Comentarios
Decidí escribir este artículo porque detrás de todos los temas que se refieren al embarazo, parto y crianza, detrás de cada consulta, de cada duda, hay al menos dos personas (la mamá y su bebé) que están aprendiendo a relacionarse, que se están conociendo, descubriendo; que están improvisando en este nuevo mundo que les toca vivir. Ambos están confundidos, aturdidos, rodeados de novedades e incertidumbres.
Y en este clima es normal, comprensible y hasta esperable, que se produzcan dudas, llantos, temores, sensaciones nuevas. Y lamentablemente también es normal que haya alrededor personas que nos digan lo que tenemos que hacer, que nos digan “primerizas” y que eso suene despectivo, casi humillante, descalificante. Nos hace sentir inexpertas, más confundidas, “malas” madres.
Cuando quedé embarazada de mi primera hija, desde mi primera consulta al obstetra hasta mucho tiempo después, me encontré con gente - profesionales elegidos por mí, vecinas, parientas, amigas, todas muy “experimentadas”- que a veces con la mejor buena voluntad, a veces no tanto, me decían lo que tenía que hacer.
Así se decidió la cantidad de ecografías que me harían, los análisis a los que me sometería, la clínica donde nacería mi hija, la presencia o no del padre en el parto (yo quería, pero el doctor decidió que no); el tiempo de internación, los complementos que necesitaría mi bebé, los estudios que le realizarían.
Alguien determinó que mi leche no servía, mientras otros “sugerían” marcas de pañales, cantidad razonable de horas de sueño, posiciones para dormir, cantidad aceptable de “upas”(uno más malcriaría a mi hija); modelos de chupetes, compotas para desconstiparla y cientos de cosas más.
Si estás embarazada o si ya sos mamá, tal vez algo de todo esto te suene familiar. Esa es la idea de esta nota. Porque para una lactancia exitosa, para una maternidad exitosa, para una vida exitosa, hay muchos profesionales que podemos ayudar, orientar, acompañar, pero lo único indispensable es una mamá, un papá, una persona con la seguridad de que está haciendo lo correcto, lo mejor.
Con la certeza de que en tanto animales, los humanos tenemos instintos que nos dicen sabiamente qué es lo mejor para nosotros y lo mejor que podemos hacer por vos - futura mamá, mamá- es devolverte la seguridad que nunca debiste haber perdido; darte confianza, creer en tus capacidades. Orientarte, sí; aconsejarte también, siempre en la medida en que vos lo solicites, lo necesites; siempre dándote opciones, y la posibilidad de elegir.
Nunca hay una sola salida. Hay distintas posiciones para parir, distintas corrientes médicas, distintas opiniones acerca de las cosas que te preocupan. Tenés derecho a elegir, podés cambiar de médico, podés plantear tus deseos y necesidades, tus preferencias, podés escuchar todas las versiones que quieras, pero SOLO vos serás quien tome la decisión final, quien adapte esas sugerencias a su propia experiencia.
En esta aventura de ser padres, se nos presentan dudas a diario. Hoy es acerca de los pañales, el destete; mañana será acerca de los límites, la elección del colegio. Hasta el último día de nuestras vidas vamos a ser “primerizos”. Siempre habrá situaciones que nuestro hijo mayor atraviese por primera vez.
Cada familia es única, irrepetible, y va escribiendo su propia historia. Mi experiencia, la tuya, puede servirle a otros, pero raramente se adapte a la perfección a sus necesidades, a ese momento tan particular y único como lo es traer un hijo al mundo.
Es tentadora la idea de aconsejar, porque en este momento de tanta vulnerabilidad, todos nos ponemos un poco ansiosos (los que lo están viviendo, y los de afuera también) y es difícil tolerar la ansiedad, a veces la angustia y la incertidumbre. Pero la realidad nos muestra que, al final de la historia, si uno sabe esperar, los padres terminan encontrando las respuestas, las soluciones, dentro de ellos mismos. Probando, equivocándose, pero escribiendo su propia historia.
Por eso, mi intención es ofrecerte, simplemente, una “alternativa de vida”, mostrarte otros caminos, darte algunas sugerencias para que tomes la que necesites, la que se adapte a tu estilo. O para que las descartes, haciendo uso de tu libertad para elegir, de tu responsabilidad como papá o mamá, y sintiendo que de todos modos, para esa personita que está ahora dentro de tu panza, o que duerme mientras leés esta nota, sos lo mejor, lo único.
Sos todo su mundo, y se abandona confiado a tus brazos sabiendo que nunca serías capaz de hacer algo que lo lastime. Aunque te equivoques. Porque en definitiva, de eso se trata la lactancia, la maternidad, la vida: de dudar, probar, equivocarse y volverlo a intentar. Ese es el mejor ejemplo que podemos darle a nuestros hijos.
—
Lic. María Paula Cavanna
Psicóloga
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Tags: Embarazo · Lactancia · Maternidad · Niños
Enero 4, 2008 by Para el Bebé · 14 Comentarios
¿Qué significa NO antes de los tres años?
Los niños menores de 3 años no entienden la palabra “no” del modo en que la mayor parte de los padres piensan que lo hacen (y un entendimiento completo de lo que la palabra “no” significa no sucede mágicamente al cumplir 3 años, sino que conlleva un proceso). “NO” es un concepto abstracto que está en directa oposición a las necesidades de los niños pequeños en cuanto a exploración de su entorno y desarrollo de su sentido de la autonomía e iniciativa.
Su hijo puede saber que usted no quiere que haga alguna cosa. Puede incluso saber que usted tendrá una reacción de enfado si lo hace. Pero en cualquier caso, no entiende porque, en la forma en que los adultos piensan que lo hace. ¿Por qué otro motivo miraría un niño a su padre antes de hacer algo que sabe que no debe hacer, sonreír, y hacerlo igualmente?
Alrededor de la edad de un año, los niños entran en la edad de “yo lo hago”. Es el momento en el que desarrolla sentido de la autonomía versus duda y culpa. De los dos a los 6 años se desarrolla el sentido de iniciativa versus culpa. Esto significa que es su “deber” en el plano del desarrollo, explorar y experimentar. ¿Puede usted imaginarse lo confuso que es para un niño ser castigado por algo que está programado para hacer? Se enfrentan con un dilema real (a nivel subconsciente): ¿obedezco a mi padre o a mi instinto biológico de desarrollar mi autonomía e iniciativa explorando y experimentando en mi mundo?
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Tags: Niños
Octubre 17, 2007 by Para el Bebé · 4 Comentarios
Empezar a ir a la escuela es un cambio importante en la vida de todos los niños:personas nuevas,normas y horarios diferentes…Como todo proceso adaptativo,la escolarización debe hacerse paulatinamente.Tener en cuenta su grado de madurez es la clave para evitar que el niño sufra.
La mayor parte de los alumnos de infantil y primaria -entre los 3 y los 12 años- se lo pasan bien en la escuela.Raramente lloran en la puerta o se agarran a los brazos de su madre o de su padre.Pronto entran en la escuela sin volver la vista atrás.Los padres acaban renunciando a exigir un beso de despedida -”Qué vergüenza,delante de mis compañeros!”-,y el día menos pensado te ruegan que dejes de acompañarlos.
Aunque ocasionalmente puedan quejarse de algún compañero,de alguna “injusticia” de los profesores o de la dificultad de algún ejercicio,van a la escuela ilusionados y sin oponer resistencia.Aún más,a principios de septiembre se aburren tanto en casa que desean volver al cole.
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Tags: Niños