En muchas culturas, lo habitual es que el bebé esté siempre pegado a su madre. Desde el rebozo en Méjico hasta el amauti utilizado por la tribu inuit en Alaska, las madres de todo el mundo llevan a sus bebés a cuestas a todas partes. Las ventajas son muchas y variadas.
Al nacer, el bebé todavía no tiene sus capacidades cerebrales desarrolladas. Según los antropólogos, debido a la limitación de espacio del canal pélvico, su desarrollo debe proseguir en el espacio exterior. Al igual que los canguros, que nacen muy diminutos, trepan hasta la bolsa marsupial y continúan su crecimiento fuera de su madre, muchos científicos consideran que los humanos tenemos un comportamiento similar y que el embarazo dura en realidad 18 meses: 9 dentro y 9 fuera. Así, lo más natural es que la madre continué con su bebe cerca del corazón siempre que pueda. Si, además, esto es lo mejor para el bebé y facilita la vida a la madre, no se puede pedir más. (more…)
Resultados para "dormir en nuestra cama"
Llevar a tu bebé
Abril 17, 2008 by Para el Bebé · 6 Comentarios
Nuevas cunas para colecho
Abril 15, 2008 by Para el Bebé · 1 Comentario
La web Dormir Sin llorar ha sacado a la venta nuevas y bonitas cunas para poner en sidecar. Las ventajas del colecho son innumerables (con la lactancia, con el vínculo afectivo, la seguridad en sí mismos, autoestima, y obviamente niños mucho más tranquilos y amados) , además de la placentera experiencia de dormir con nuestro bebé, recién llegado a nuestras vidas. La felicidad de tenerlos no debe limitarse solo al día, de noche también son nuestros hijos!!!

Pues bien, como decía, han sacado dos nuevas cunas que reemplazan a las que tenían antes, más modernas y completas, de formita rectangular, una grande y otra más pequeña, ambas se acoplan perfectamente a la cama de los padres tengan la medida que tengan con total seguridad.
A mi me parecen una opción mucho más práctica que las minicunas que duran muy poco y no puedes tener cerquita a tu bebé.
Vale la pena!
Tags: Sueño
Un mal sueño
Marzo 21, 2008 by armandilio · 8 Comentarios
Estoy dormida, no, estoy inconsciente. Sí, parece que estoy inconsciente y estoy despertando. Ay, no sé cómo explicarlo, es como si estuviera inconsciente, con los ojos cerrados, pero sin embargo estoy de pie. No tiene mucho sentido. Intento adivinar donde estoy, no puedo abrir los ojos, todavía no. No sé donde estoy, pienso en qué hice ayer y recuerdo que desperté con el sonido del despertador. Juan se levantó para ir a trabajar. Le besé y se marchó. Me acerqué a ver a Ivette, mi niña. Dormía en el moisés. Qué felices somos desde que nació, hace 3 semanas. Recuerdo que la observaba dormir, respirar. Hizo una mueca y apretó un poco los párpados. ¿Qué sueñas mi niña? – pensé. Recuerdo que por un momento pensé que sería bonito poder entrar en su mente, conocer sus pensamientos, ver la vida a través de sus ojos, sentir sus sensaciones y así conocer cómo funciona su pequeño cuerpecito y ver qué pasa por su pequeña cabecita. Sería tan bueno poder recordar esa época de nuestra infancia. Recuerdo que el día de ayer pasó sin más, sin ser diferente en absoluto de otros días. Incluso recuerdo el momento antes de acostarme, con Ivette mamando de mi pecho, recibiendo mis caricias, susurrándole una canción al oído. Es tan precioso verte dormir, amor mío. Se durmió, y muy despacito la dejé en el moisés. Salí de la habitación, recogimos la cocina Juan y yo, comentamos algunos planes para el fin de semana, nada definitivo, y nos fuimos a la cama. Miré de nuevo a Ivette desde la cama, la oía respirar y me tranquilizaba. Buenas noches vida mía. Buenas noches Juan.
Nada me ayuda a esclarecer mi situación. Empiezo a abrir los ojos. Aaarrgghhhh! Me duelen, demasiada luz…penetra en mis ojos, en mi mente, todo es blanco resplandeciente, como si viviera en el sol, pero sin calor, más bien todo lo contrario, siento frío, es como una luz helada, imposible ver nada. Poco a poco baja la intensidad, levanto mis manos y las giro para observarlas. Sigue habiendo mucha luz, pero distingo las formas de mis manos. Muy borroso, lo veo todo borroso. Me toco. Llevo una ropa liviana, quizá sea el camisón. Pero está húmedo, como si hubiera llovido hace poco. Miro al suelo y al frente, veo personas, veo figuras que caminan. Debo estar en medio de la calle. ¿En camisón? Que vergüenza…
Me siento pesada, como clavada al suelo, como drogada. Drogada pero con dolor, me duele todo el cuerpo, todas las articulaciones, la cabeza, como si acabara de recibir una paliza.
Las figuras indescriptibles empiezan a ser más visibles para mi. Ya no me deslumbro al mirar las cosas, me miro de nuevo. Sí, llevo un camisón, como…como de hospital. ¿Acaso me he escapado de un hospital? Ay dios mío, pero qué mal lo estoy pasando…intento caminar, descalza, doy un traspié. Mis piernas no responden como yo quisiera. Izquierda, derecha, izquierda…tengo que pensarlo antes de hacerlo, veo como mi pierna ejecuta la acción torpemente, luego la otra. Estoy andando. Debo dar muy mala impresión porque tengo un equilibrio espantoso. El dolor me impide hacerlo mejor. El mareo estropea mi estabilidad. Me acerco a una pared y me ayudo de ella para seguir avanzando. Aparto una gota que recorre mi frente hasta mi barbilla. Tengo el pelo mojado, separado en infinidad de mechones mojados que gotean y mojan mi ropa más si cabe. La gente camina, hace su vida. Veo cómo unos me observan y como otros ni siquiera reparan en mi. ¡Que angustia! ¿Donde estoy? ¡A-yú-den-me! – las sílabas salen de mis labios pero no parecen llegar a nadie.
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Tags: Bebés
Lactancia materna, colecho y sueño
Enero 17, 2008 by Para el Bebé · 7 Comentarios
J.M. PARICIO TALAYERO
Jefe de Servicio de Pediatría. Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría. Hospital Marina Alta.
Denia, Alicante (Hospital amigo de los niños OMS/UNICEF-1999)
INTRODUCCIÓN
Los hábitos y rutinas del sueño, incluida la práctica de dormir niños y padres juntos, tienen que ver, como la lactancia, con la crianza y son temas muy interrelacionados. Orientar a los niños en la adquisición de habilidades para el comer, control de esfínteres y ritmos de sueño y ayudarles a establecer límites y niveles de responsabilidad en su proceso de socialización, son elementos necesarios para su propia seguridad y para su integración social. La presente revisión se centra en dos temas que levantan polémica en el ámbito de la crianza: la llamada “cama familiar” o compartir cama, y las prácticas de adiestramiento del sueño de los niños.
Interés del tema
El colecho tiene implicaciones con el estilo de crianza, con la lactancia materna (LM) y con el riesgo de muerte súbita infantil (MSI). Hay una tendencia a adoptar posturas extremas, tanto a favor (predominantemente entre madres y grupos pro LM) como en contra (sobre todo entre personal sanitario, médicos en especial y occidentales).
En los últimos 50 años, en las sociedades occidentales y de forma masiva se han difundido prácticas de adiestramiento del sueño de los niños que levantan controversia por su difusión universal y el tipo de estímulo conductista empleado, constituyendo para unos una solución mágica y estando reñidos para otros, con los derechos humanos y, más en concreto, con los de los niños.
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Tags: Alimentación · Bebés · Embarazo · Lactancia · Niños · Salud · Sueño
Comprender el concepto del continuum
Abril 13, 2007 by Para el Bebé · 2 Comentarios
Según Jean Liedloff, el concepto del continuum se basa en la idea de que para conseguir el desarrollo físico, mental y emocional óptimo, los seres humanos, especialmente los bebés, necesitan el tipo de experiencia a la que nuestra especie se ha ido adaptando durante el largo proceso de nuestra evolución. Para un niño, esto incluye experiencias como:
Contacto físico constante con su madre (o algún otro cuidador) desde el nacimiento.
Dormir en la cama de sus padres, en constante contacto físico, hasta que la abandona por propia voluntad (habitualmente hacia los dos años).
Amamantar a demanda, respondiendo a las señales que emita el bebé con su cuerpo.
Ser cargado constantemente en brazos o de otra manera (pero siempre en contacto con alguien, normalmente su madre), y que pueda observar (o alimentarse o dormir) mientras la persona porteadora hace sus quehaceres habituales, hasta que el bebé empieza a desplazarse por su propio instinto, arrastrándose o gateando, normalmente a los seis u ocho meses.
Hacer que los cuidadores respondan inmediatamente a las señales del bebé (lloros, quejidos, etc.), sin juzgarlo ni obviar sus necesidades, y sin convertirlo en el centro constante de atención.
Sentir (y satisfacer) sus expectativas de que se trata de un ser social y cooperativo por naturaleza, de sus fuertes instintos de autoconservación, y de que es bien recibido y útil. (more…)
Tags: Bebés
Mimar no es malcriar
Febrero 1, 2007 by Para el Bebé · 10 Comentarios
-El País acaba de publicaba el martes un artículo muy documentado sobre la inconveniencia de que los niños duerman en la misma cama que los padres.
-Lo sé. Está lleno de errores.
-Cuáles.
-Habla de los pediatras Ferber y Lozoff y puedo asegurarle que Ferber nunca ha estudiado el co-sleeping o colecho.
-¿Y Lozoff?
-Lozoff sí lo ha investigado y no está en absoluto en contra.
-Dicen que el colecho es norma cultural en algunas civilizaciones.
-En Japón por ejemplo. Lo vemos cada dia en la serie televisiva Shin Chan.
-¿Y duermen mejor los niños japoneses?
-Duermen cuatro veces mejor que los niños americanos de raza blanca. (more…)
El vínculo paternal
Enero 19, 2007 by Para el Bebé · 12 Comentarios
Llora el niño. Y en vez de guiarnos por nuestro instinto de padre o madre, nos fiamos a ciencia ciega de lo que dice el “experto”… Si lo cogemos una y otra vez, le estamos malcriando. Si intentamos reconfortarle, nos estamos dejando manipular. Lo mejor es dejarle llorar y llorar. Que aprenda y se calle.
Se despierta el niño. Se resiste a dormir en su oscura y solitaria habitación y busca el calor y la protección de la cama de sus padres… No hay que ceder, insiste el “experto”. Dormir con los padres tiene grandes riesgos. Sí, ya sabemos que se ha hecho durante siglos. Pero no es apropiado, está mal visto, no es sano.
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Tags: Bebés · Embarazo · Lactancia · Niños
Tu hijo es una buena persona (Dr. Carlos Gonzalez)
Enero 15, 2007 by Para el Bebé · 16 Comentarios
Cuando una esposa afirma que su marido es muy bueno, probablemente es un hombre cariñoso, trabajador, paciente, amable… En cambio, si una madre exclama “mi hijo es muy bueno”, casi siempre quiere decir que se pasa el día durmiendo, o mejor que “no hace más que comer y dormir” (a un marido que se comportase así le llamaríamos holgazán). Los nuevos padres oirán docenas de veces (y pronto repetirán) el chiste fácil: “¡Qué monos son… cuando duermen!”
Y así los estantes de las librerías, las páginas de las revistas, las ondas de la radio, se llenan de “problemas de la infancia”: problemas de sueño, problemas de alimentación, problemas de conducta, problemas en la escuela, problemas con los hermanos… Se diría que cualquier cosa que haga un niño cuando está despierto ha de ser un problema.
Nadie nos dice que nuestros hijos, incluso despiertos (sobre todo despiertos), son gente maravillosa; y corremos el riesgo de olvidarlo. Aún peor, con frecuencia llamamos “problemas”, precisamente, a sus virtudes.
Tu hijo es generoso
Marta juega en la arena con su cubo verde, su pala roja y su caballito. Un niño un poco más pequeño se acerca vacilante, se sienta a su lado y, sin mediar palabra (no parece que sepa muchas) se apodera del caballito, momentáneamente desatendido. A los pocos minutos, Marta decide que en realidad el caballito es mucho más divertido que el cubo, y lo recupera de forma expeditiva. Ni corto ni perezoso, el otro niño se pone a jugar con el cubo y la pala. Marta le espía por el rabillo del ojo, y comienza a preguntarse si su decisión habrá sido la correcta. ¡El cubo parece ahora tan divertido!
Tal vez la mamá de Marta piense que su hija “no sabe compartir”. Pero recuerde que el caballito y el cubo son las más preciadas posesiones de Marta, digamos como para usted el coche. Y unos minutos son para ella una eternidad. Imagine ahora que baja usted de su coche, y un desconocido, sin mediar palabra, sube y se lo lleva. ¿Cuántos segundos tardaría usted en empezar a gritar y a llamar a la policía? Nuestros hijos, no le quepa duda, son mucho más generosos con sus cosas que nosotros con las nuestras. (more…)
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¿Existe el insomnio infantil? El sueño infantil en las culturas
Enero 14, 2007 by Para el Bebé · 8 Comentarios

McKenna empezó a hacerse preguntas sobre el sueño del infante humano. ¿Por qué debía Jeff dormir solo, si dormía mejor con uno de sus padres? ¿Algún bebé humano está diseñado por la evolución para dormir solo? ¿Cómo duerme la mayoría de los bebés del mundo? ¿Y cuáles son las consecuencias de dormir solo y de dormir acompañado?
Jenny Calhoun, de dos meses de edad, duerme en el hueco del brazo materno; cada vez que se mueve en sueños, diez finos cables pegados a su cara y a su cabeza calva ondulan hacia todos lados, dándole el aspecto de una medusa bebé. Su madre, Amy Calhoun, abre los ojos soñolientos en el cuarto apenas iluminado, fijando una mirada inexpresiva en la diminuta cara que tiene a pocos centímetros. Los cables pegados a su cabeza se bambolean hacia la bebé, en tanto ella estira una mano inconsciente para dar a Jenny unas palmaditas tranquilizadoras.
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La Importancia de la “Fase en Brazos”
Enero 12, 2007 by Para el Bebé · 3 Comentarios
Durante esos dos años y medio que pasé en la Jungla de Sudamérica junto a indios de la Edad de Piedra, pude darme perfecta cuenta de que nuestra naturaleza humana no tiene mucho que ver con lo que nos han hecho creer.
Los bebés de la tribu Yequana, lejos de necesitar un clima de paz y tranquilidad para dormir, eran capaces de echar una cabezadita tranquilamente en el momento preciso en que se encontraban cansados, o cuando los hombres, mujeres o niños que los cargaban bailaban, corrían, caminaban, gritaban o remaban en sus canoas. Los chiquillos se pasaban todo el día jugando juntos sin que se montara ninguna trifulca. Ni siquiera discutían y obedecían a sus mayores al instante mostrando una voluntad plena.
Aparentemente, la idea de castigar a un niño nunca se le habría ocurrido a este pueblo. Tampoco su conducta mostraba nada que pudiera verdaderamente ser catalogado como permisividad. Ni un solo niño habría soñado con incomodar, interrumpir o que un adulto tuviera que esperar por ellos. A los cuatro años, los niños ya contribuían más con la fuerza del trabajo dentro de su propia familia de lo que sus cuidados suponían a los otros. (more…)
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