Resultados para "estimulantes"
Mayo 14, 2007 by Para el Bebé · 45 Comentarios
Muchos padres tienen exageradas expectativas sobre los requerimientos alimenticios de sus hijos. Ellos necesitan que se les explique y tranquilice. En la mayoría de casos, sus niños/as comen normalmente.
Todos los niños/as pueden disminuir el apetito en forma temporal y no requieren de ningún tratamiento. Si está inapetente aliméntelos picando “como pollito”, poco pero con mucha frecuencia. En esa forma logra cubrir sus requerimientos nutricionales.
En todo caso de pérdida del apetito, se debe descubrir la causa que la produce, para determinar si la causa del problema amerita o no tratamiento.
En los niños/as, también puede deberse a problemas comunes como parasitosis intestinal, anemia por déficit de hierro, infecciones de vías urinarias, deprivación afectiva.
En otros casos menos frecuentes hay mala absorción, enfermedades cardíacas, renales o del sistema nervioso central, trastornos endocrinos, inflamaciones crónicas, trastornos genéticos y malignidad. En ninguno de estos casos es necesaria ni útil la administración de estimulantes del apetito.
En muchos niños/as que viven en pobreza y no se alimentan bien, se observan desnutrición y enfermedades añadidas. Presentan crecimiento deficiente, pérdida del apetito, deficiencia del desarrollo mental, cansancio y fatiga, que solo pueden resolverse mejorando las condiciones sociales y económicas de los países pobres y no con estimulantes del apetito.
No hay ninguna evidencia científica que indique que los medicamentos usados comúnmente como estimulantes del apetito tengan algún efecto sobre éste, peor sobre la causa del mismo.
Estimulantes del apetito, tónicos cerebrales y vitaminas, que casi siempre son inapropiados, a veces dañinos.
La desnutrición se soluciona principalmente con una alimentación adecuada y utilizando vitaminas específicas para sus deficiencias específicas, por un tiempo limitado.
Algunos de los medicamentos usados como estimulantes del apetito son sustancias que se utilizan para el tratamiento de algunas enfermedades, y cuyo efecto secundario o indeseable es el aumento del apetito y de peso.
Otros efectos secundarios causados por estos medicamentos son: somnolencia, incapacidad de concentración, mareos, hipotensión, debilidad, náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, dolores de cabeza, visión borrosa, irritabilidad, pesadillas, anorexia, sequedad de la boca, opresión del pecho y debilidad en las manos.
Los multivitamínicos son promocionados para pérdida de apetito y condiciones asociadas, sin embargo, no hay ninguna prueba científica que los respalde.
RECOMENDACIONES:
Es más importante saber si un niño/a con poco apetito está sano, que administrar estimulantes del apetito.
Recuerde que muchas veces la falta de apetito es normal.
Cada niño o niña tiene su propia ” medida” y cada persona reconoce usualmente la cantidad de alimentos que necesita.
La sensación de saciedad puede ser alterada en los niños/as, mediante presión, ya sea de buenas maneras (con cantos, cuentos y entretenimientos) o no, (cuando el cuidador se irrita y lo demuestra). Entonces el niño/a aprenderá a comer la cantidad exigida, la cual podría ser mayor que sus requerimientos calóricos reales. Este proceso será el comienzo de una obesidad.
El cuidado que proporcionan los padres y cuidadores a los niños/as, no pueden ni deben estar orientados únicamente a obtener una ganancia significativa de peso y talla, esto es su crecimiento.
Por todo esto, el apetito es un medio y no un fin. Vigilémoslos, pero no hagamos de él centro de nuestros afanes.
Fuente: Edufuturo
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Tags: Alimentación · Niños
Febrero 20, 2007 by Para el Bebé · 178 Comentarios
Pregunta: ¿Cómo enfrenta el pediatra a un niño que no quiere comer?
Respuesta. Al evaluar un niño que no quiere comer, en ausencia de enfermedad orgánica evidente, es necesario aclarar si el niño no come cantidades adecuadas en relación a las recomendaciones para edad, sexo y actividad física, o no come “todo lo que la madre o persona al cuidado del niño quiere que coma”, o si es un rechazo selectivo, si está asociado a retraso de crecimiento o a signos de desnutrición. En el caso del menor de 6 meses se debe pensar primero en patología orgánica por la corta edad.
Como segundo paso debe evaluarse las causas que llevaron a un trastorno de la conducta alimentaria, las que son complejas y pueden estar relacionadas con numerosos estímulos tanto internos como externos, siendo estos últimos generalmente los más relevantes.
Hay en primer lugar un factor cultural en juego: la madre es considerada exitosa en cuanto tiene un hijo que desarrolla al máximo sus potencialidades, incluyendo el crecimiento, mediado esto por una autoexigencia materna y del ambiente. Además, ante toda una historia de riesgos de desnutrición y enfermedad, el ambiente social y familiar exige que el niño esté lo más “gordo posible”. De modo que la necesidad de la madre de responder a estas expectativas producen un estado de ansiedad que puede determinar una relación madre hijo inadecuada.
Los desórdenes en el comer son además un lenguaje alternativo del niño, de expresar lo que siente. Cuando los niños son pequeños, los padres ayudan a aprender cómo expresar sus emociones, pero con mucha frecuencia esto no ocurre, y más aún, hay padres que expresan sus propias emociones por medio de la alimentación, usándolas para premiar o castigar a sus hijos, los cuales a su vez aprenden esta conducta y la usan para manejar a sus padres.
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Tags: Alimentación · Bebés · Lactancia · Niños
Julio 18, 2006 by Para el Bebé · 139 Comentarios
1 No obligar nunca a comer a un niño. Un adulto puede que se niegue a probar bocado por los dictados de la moda pero a un crío aún no le pesan las normas sociales. Por tanto no se debe insistir en que el niño trague a toda costa.
2 Cuánta cantidad de comida es necesaria. Cada uno de nosotros necesita un aporte calórico distinto, razón por la que la alimentación no puede tomarse como una ciencia exacta. Unos zampan como elefantes mientras otros comen como pajaritos. ¿Por qué entonces se intenta medir a los niños por el mismo rasero? Un niño de año y medio puede que necesite comer la misma cantidad que un bebé de nueve meses.
3 ¿Seguro que no come nada? Para la mayoría de los padres no comer nada significa que su hijo no engulle lo que ellos creen que necesita. Quizá si su medida fuera medio plato en vez de uno repleto hasta el borde cambiaría su percepción.
4 Los que de verdad no comen. Las enfermedades y los celos provocan un rechazo a la comida que suele ser transitorio y una vez solucionado el problema regresa el apetito.
5 El trabajo de mamá. El regreso laboral de mamá origina en ciertos bebés una negativa a alimentarse si no lo hace su madre. Pueden no consumir nada en ocho horas y luego ponerse las botas cuando ella regresa.
6 Un asunto de honor. Los padres, sobre todo las madres, suelen vivir la inapetencia como un agravio personal. Otras consideran un deber atiborrar a su hijo.
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Tags: Alimentación · Bebés · Lactancia · Niños