Resultados para "instinto"
Julio 27, 2008 by Para el Bebé · 2 Comentarios
Yolanda González
Vivimos en una Sociedad, donde desde la más tierna infancia, se nos enseña a soportar la frustración.
Existe la creencia generalizada, de que si no hay frustración marcada por los adultos, los bebés y los niños-as, no logran tener ningún límite a su demanda (“perversos polimorfos”) y como consecuencia, devienen en sujetos anti-sociales y no adaptados. 
Hemos aceptado, que la vida es dura y cruel. Y nuestros hijos deben prepararse para afrontarla cuanto antes. Es por ésto, que desde que son bebés, recibimos consejos permanentes sobre cómo evitar que nuestros hijos se malcrien:
“No lo cojas en brazos”.
“No atiendas a su llanto, que primero te piden la mano y luego te toman el brazo”.
“No transijas, pues se subirán a las barbas”.
Tantos y tantos tópicos, con el único objetivo de que esos bebés, ávidos de contacto epidérmico, de mirada amorosa, de empatía profunda, vayan aprendiendo a través de la frialdad, a ser “Duros”, que no fuertes.
Poco a poco, la sociedad nos transmite que debemos acorazarnos. Con una coraza rígida e insensible ante el dolor de los otros “porque la vida es así”. Poco a poco, nos distanciamos de nuestro instinto protector, y de nuestro sentido común, para ser máquinas que responden al sistema, con sumisión. Aceptamos las normas, aunque sean irracionales, y formamos parte del engranaje.
¿Qué hemos olvidado? ¿Qué confundimos cuando hablamos de límites, educación, autoridad, frustración…?.
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Tags: Bebés
Abril 17, 2008 by Para el Bebé · 5 Comentarios
En muchas culturas, lo habitual es que el bebé esté siempre pegado a su madre. Desde el rebozo en Méjico hasta el amauti utilizado por la tribu inuit en Alaska, las madres de todo el mundo llevan a sus bebés a cuestas a todas partes. Las ventajas son muchas y variadas.
Al nacer, el bebé todavía no tiene sus capacidades cerebrales desarrolladas. Según los antropólogos, debido a la limitación de espacio del canal pélvico, su desarrollo debe proseguir en el espacio exterior. Al igual que los canguros, que nacen muy diminutos, trepan hasta la bolsa marsupial y continúan su crecimiento fuera de su madre, muchos científicos consideran que los humanos tenemos un comportamiento similar y que el embarazo dura en realidad 18 meses: 9 dentro y 9 fuera. Así, lo más natural es que la madre continué con su bebe cerca del corazón siempre que pueda. Si, además, esto es lo mejor para el bebé y facilita la vida a la madre, no se puede pedir más. (more…)
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Tags: Bebés · Paseo
Abril 15, 2008 by Para el Bebé · 1 Comentario
La web Dormir Sin llorar ha sacado a la venta nuevas y bonitas cunas para poner en sidecar. Las ventajas del colecho son innumerables (con la lactancia, con el vínculo afectivo, la seguridad en sí mismos, autoestima, y obviamente niños mucho más tranquilos y amados) , además de la placentera experiencia de dormir con nuestro bebé, recién llegado a nuestras vidas. La felicidad de tenerlos no debe limitarse solo al día, de noche también son nuestros hijos!!!

Pues bien, como decía, han sacado dos nuevas cunas que reemplazan a las que tenían antes, más modernas y completas, de formita rectangular, una grande y otra más pequeña, ambas se acoplan perfectamente a la cama de los padres tengan la medida que tengan con total seguridad.
A mi me parecen una opción mucho más práctica que las minicunas que duran muy poco y no puedes tener cerquita a tu bebé.
Vale la pena!
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Tags: Sueño
Marzo 21, 2008 by armandilio · 8 Comentarios
Estoy dormida, no, estoy inconsciente. Sí, parece que estoy inconsciente y estoy despertando. Ay, no sé cómo explicarlo, es como si estuviera inconsciente, con los ojos cerrados, pero sin embargo estoy de pie. No tiene mucho sentido. Intento adivinar donde estoy, no puedo abrir los ojos, todavía no. No sé donde estoy, pienso en qué hice ayer y recuerdo que desperté con el sonido del despertador. Juan se levantó para ir a trabajar. Le besé y se marchó. Me acerqué a ver a Ivette, mi niña. Dormía en el moisés. Qué felices somos desde que nació, hace 3 semanas. Recuerdo que la observaba dormir, respirar. Hizo una mueca y apretó un poco los párpados. ¿Qué sueñas mi niña? – pensé. Recuerdo que por un momento pensé que sería bonito poder entrar en su mente, conocer sus pensamientos, ver la vida a través de sus ojos, sentir sus sensaciones y así conocer cómo funciona su pequeño cuerpecito y ver qué pasa por su pequeña cabecita. Sería tan bueno poder recordar esa época de nuestra infancia. Recuerdo que el día de ayer pasó sin más, sin ser diferente en absoluto de otros días. Incluso recuerdo el momento antes de acostarme, con Ivette mamando de mi pecho, recibiendo mis caricias, susurrándole una canción al oído. Es tan precioso verte dormir, amor mío. Se durmió, y muy despacito la dejé en el moisés. Salí de la habitación, recogimos la cocina Juan y yo, comentamos algunos planes para el fin de semana, nada definitivo, y nos fuimos a la cama. Miré de nuevo a Ivette desde la cama, la oía respirar y me tranquilizaba. Buenas noches vida mía. Buenas noches Juan.
Nada me ayuda a esclarecer mi situación. Empiezo a abrir los ojos. Aaarrgghhhh! Me duelen, demasiada luz…penetra en mis ojos, en mi mente, todo es blanco resplandeciente, como si viviera en el sol, pero sin calor, más bien todo lo contrario, siento frío, es como una luz helada, imposible ver nada. Poco a poco baja la intensidad, levanto mis manos y las giro para observarlas. Sigue habiendo mucha luz, pero distingo las formas de mis manos. Muy borroso, lo veo todo borroso. Me toco. Llevo una ropa liviana, quizá sea el camisón. Pero está húmedo, como si hubiera llovido hace poco. Miro al suelo y al frente, veo personas, veo figuras que caminan. Debo estar en medio de la calle. ¿En camisón? Que vergüenza…
Me siento pesada, como clavada al suelo, como drogada. Drogada pero con dolor, me duele todo el cuerpo, todas las articulaciones, la cabeza, como si acabara de recibir una paliza.
Las figuras indescriptibles empiezan a ser más visibles para mi. Ya no me deslumbro al mirar las cosas, me miro de nuevo. Sí, llevo un camisón, como…como de hospital. ¿Acaso me he escapado de un hospital? Ay dios mío, pero qué mal lo estoy pasando…intento caminar, descalza, doy un traspié. Mis piernas no responden como yo quisiera. Izquierda, derecha, izquierda…tengo que pensarlo antes de hacerlo, veo como mi pierna ejecuta la acción torpemente, luego la otra. Estoy andando. Debo dar muy mala impresión porque tengo un equilibrio espantoso. El dolor me impide hacerlo mejor. El mareo estropea mi estabilidad. Me acerco a una pared y me ayudo de ella para seguir avanzando. Aparto una gota que recorre mi frente hasta mi barbilla. Tengo el pelo mojado, separado en infinidad de mechones mojados que gotean y mojan mi ropa más si cabe. La gente camina, hace su vida. Veo cómo unos me observan y como otros ni siquiera reparan en mi. ¡Que angustia! ¿Donde estoy? ¡A-yú-den-me! – las sílabas salen de mis labios pero no parecen llegar a nadie.
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Tags: Bebés
Febrero 16, 2008 by Para el Bebé · 10 Comentarios
Hace poco me hicieron llegar este artículo, y me pareció que realmente vale la pena su difusión:
Me pregunto si la sociedad española es consciente de lo que esta ocurriendo en la comunicación que se establece entre las mamás y sus bebés. Sobre todo, me gustaría saber si ellas son conscientes del poder que en realidad tienen para afrontar el porvenir de este país.
Nos quejamos de la violencia en la adolescencia, vemos a bebés siendo adiestrados por “supernannys” en televisión, aplaudimos iniciativas como las de Izquierda Unida de llenar el país con guarderías full time, se expulsa a mujeres que están dando de mamar en un centro comercial y lo vemos normal, no se consiguen las firmas necesarias para aumentar la baja maternal a seis meses, y todo ello sin pararnos a pensar en el fondo de la cuestión.
¿Existe una concienciación y formación en referencia a la crianza? Algunas madres consideran que la crianza es “cuestión de instinto”, mas no comparto esta idea, ya bases como: “debería amamantar a mi bebé”, “debería acurrucar y calentar en mi regazo a mi bebé”, “debería dormir con mi bebé”, y otras que confirmarían una conducta instintiva, en la época que vivimos, vienen denostadas por el entorno real y actual de la madre, como por ejemplo: medios de comunicación, revistas “especializadas”, algunos libros de gran tirada, abuelas influidas por pediatras de hace treinta años, algunos pediatras actuales, etc. Por tanto, en la actualidad, en la sociedad occidental no existe el instinto puro sin influencia.
En nuestras investigaciones he detectado que, incluso mujeres que han estudiado cinco o seis años para ejercer una profesión; a la hora de formarse para la maternidad compran uno o dos libros como mucho, aunque la mayoría ninguno, recomendado por “amig@s o dependientes de librerías” básicamente, y alguna que otra revista. Al final del embarazo, la futura madre se pone en contacto con la matrona en el curso de preparación al parto, y ésta a veces recomienda leer algún manual de crianza y, luego, el sistema sanitario, en la mayoría de las ocasiones, induce a revisar al niño cada dos meses con el pediatra, y esto, más lo que le comenten amigos, familiares y programas de televisión es, básicamente la relación que establecen las mamás con la formación de la maternidad.
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Tags: Alimentación · Bebés · Embarazo
Enero 29, 2008 by Para el Bebé · 2 Comentarios
Decidí escribir este artículo porque detrás de todos los temas que se refieren al embarazo, parto y crianza, detrás de cada consulta, de cada duda, hay al menos dos personas (la mamá y su bebé) que están aprendiendo a relacionarse, que se están conociendo, descubriendo; que están improvisando en este nuevo mundo que les toca vivir. Ambos están confundidos, aturdidos, rodeados de novedades e incertidumbres.
Y en este clima es normal, comprensible y hasta esperable, que se produzcan dudas, llantos, temores, sensaciones nuevas. Y lamentablemente también es normal que haya alrededor personas que nos digan lo que tenemos que hacer, que nos digan “primerizas” y que eso suene despectivo, casi humillante, descalificante. Nos hace sentir inexpertas, más confundidas, “malas” madres.
Cuando quedé embarazada de mi primera hija, desde mi primera consulta al obstetra hasta mucho tiempo después, me encontré con gente - profesionales elegidos por mí, vecinas, parientas, amigas, todas muy “experimentadas”- que a veces con la mejor buena voluntad, a veces no tanto, me decían lo que tenía que hacer.
Así se decidió la cantidad de ecografías que me harían, los análisis a los que me sometería, la clínica donde nacería mi hija, la presencia o no del padre en el parto (yo quería, pero el doctor decidió que no); el tiempo de internación, los complementos que necesitaría mi bebé, los estudios que le realizarían.
Alguien determinó que mi leche no servía, mientras otros “sugerían” marcas de pañales, cantidad razonable de horas de sueño, posiciones para dormir, cantidad aceptable de “upas”(uno más malcriaría a mi hija); modelos de chupetes, compotas para desconstiparla y cientos de cosas más.
Si estás embarazada o si ya sos mamá, tal vez algo de todo esto te suene familiar. Esa es la idea de esta nota. Porque para una lactancia exitosa, para una maternidad exitosa, para una vida exitosa, hay muchos profesionales que podemos ayudar, orientar, acompañar, pero lo único indispensable es una mamá, un papá, una persona con la seguridad de que está haciendo lo correcto, lo mejor.
Con la certeza de que en tanto animales, los humanos tenemos instintos que nos dicen sabiamente qué es lo mejor para nosotros y lo mejor que podemos hacer por vos - futura mamá, mamá- es devolverte la seguridad que nunca debiste haber perdido; darte confianza, creer en tus capacidades. Orientarte, sí; aconsejarte también, siempre en la medida en que vos lo solicites, lo necesites; siempre dándote opciones, y la posibilidad de elegir.
Nunca hay una sola salida. Hay distintas posiciones para parir, distintas corrientes médicas, distintas opiniones acerca de las cosas que te preocupan. Tenés derecho a elegir, podés cambiar de médico, podés plantear tus deseos y necesidades, tus preferencias, podés escuchar todas las versiones que quieras, pero SOLO vos serás quien tome la decisión final, quien adapte esas sugerencias a su propia experiencia.
En esta aventura de ser padres, se nos presentan dudas a diario. Hoy es acerca de los pañales, el destete; mañana será acerca de los límites, la elección del colegio. Hasta el último día de nuestras vidas vamos a ser “primerizos”. Siempre habrá situaciones que nuestro hijo mayor atraviese por primera vez.
Cada familia es única, irrepetible, y va escribiendo su propia historia. Mi experiencia, la tuya, puede servirle a otros, pero raramente se adapte a la perfección a sus necesidades, a ese momento tan particular y único como lo es traer un hijo al mundo.
Es tentadora la idea de aconsejar, porque en este momento de tanta vulnerabilidad, todos nos ponemos un poco ansiosos (los que lo están viviendo, y los de afuera también) y es difícil tolerar la ansiedad, a veces la angustia y la incertidumbre. Pero la realidad nos muestra que, al final de la historia, si uno sabe esperar, los padres terminan encontrando las respuestas, las soluciones, dentro de ellos mismos. Probando, equivocándose, pero escribiendo su propia historia.
Por eso, mi intención es ofrecerte, simplemente, una “alternativa de vida”, mostrarte otros caminos, darte algunas sugerencias para que tomes la que necesites, la que se adapte a tu estilo. O para que las descartes, haciendo uso de tu libertad para elegir, de tu responsabilidad como papá o mamá, y sintiendo que de todos modos, para esa personita que está ahora dentro de tu panza, o que duerme mientras leés esta nota, sos lo mejor, lo único.
Sos todo su mundo, y se abandona confiado a tus brazos sabiendo que nunca serías capaz de hacer algo que lo lastime. Aunque te equivoques. Porque en definitiva, de eso se trata la lactancia, la maternidad, la vida: de dudar, probar, equivocarse y volverlo a intentar. Ese es el mejor ejemplo que podemos darle a nuestros hijos.
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Lic. María Paula Cavanna
Psicóloga
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Tags: Embarazo · Lactancia · Maternidad · Niños
Enero 4, 2008 by Para el Bebé · 11 Comentarios
¿Qué significa NO antes de los tres años?
Los niños menores de 3 años no entienden la palabra “no” del modo en que la mayor parte de los padres piensan que lo hacen (y un entendimiento completo de lo que la palabra “no” significa no sucede mágicamente al cumplir 3 años, sino que conlleva un proceso). “NO” es un concepto abstracto que está en directa oposición a las necesidades de los niños pequeños en cuanto a exploración de su entorno y desarrollo de su sentido de la autonomía e iniciativa.
Su hijo puede saber que usted no quiere que haga alguna cosa. Puede incluso saber que usted tendrá una reacción de enfado si lo hace. Pero en cualquier caso, no entiende porque, en la forma en que los adultos piensan que lo hace. ¿Por qué otro motivo miraría un niño a su padre antes de hacer algo que sabe que no debe hacer, sonreír, y hacerlo igualmente?
Alrededor de la edad de un año, los niños entran en la edad de “yo lo hago”. Es el momento en el que desarrolla sentido de la autonomía versus duda y culpa. De los dos a los 6 años se desarrolla el sentido de iniciativa versus culpa. Esto significa que es su “deber” en el plano del desarrollo, explorar y experimentar. ¿Puede usted imaginarse lo confuso que es para un niño ser castigado por algo que está programado para hacer? Se enfrentan con un dilema real (a nivel subconsciente): ¿obedezco a mi padre o a mi instinto biológico de desarrollar mi autonomía e iniciativa explorando y experimentando en mi mundo?
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Tags: Niños
Diciembre 27, 2007 by Para el Bebé · 2 Comentarios
La facilidad con la que el ser humano se hace adicto a las más variadas sustancias, comportamientos, y sustitutos varios de lo innombrable plantea la cuestión de hasta qué punto somos una especie altamente “adictible” o si esa tendencia no es el resultado de la privación de experiencias cuya importancia se nos escapa.
La capacidad de hacerse adicto no es mala en sí misma. Uno puede ser adicto al amor del bueno, a la belleza, al placer de vivir. Nuestro cerebro es el primer y más inmediato productor de sustancias “dopantes”, las endorfinas, por ejemplo. De estructura similar a la morfina, estos opiáceos constituyen el sistema de recompensa que premia con placer todo lo que es bueno para la salud y la felicidad: el sexo, la lactancia materna, el parto, pero también el ejercicio físico, las demostraciones de afecto en cualquiera de sus formas … incluso la contemplación de la belleza. Las endorfinas están presentes en cualquier relación en la que el apego amoroso juega un papel fundamental, por eso se segregan en grandes cantidades durante el parto y la lactancia materna.
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Tags: Lactancia
Noviembre 6, 2007 by Para el Bebé · 14 Comentarios
Los científicos saben bien que todas las crías de mamíferos necesitan un mínimo de contacto para lograr un desarrollo normal. Los cachorros necesitan ser lamidos, o tocados en el caso de los primates, para alcanzar una madurez adecuada. Se han hecho experimentos con roedores y con monos a los que se les privaba de contacto físico, únicamente recibían alimento, y al crecer se convertían invariablemente en adultos anómalos, incapaces de socializarse de manera adecuada ni de cuidar de forma eficiente a sus propias crías. (De hecho, en francés existe la expresión `un oso mal lamido´ para referirse a alguien insociable o de trato difícil.)
Por desgracia este experimento se hizo también con humanos: el emperador Federico II ordenó que varios bebés fuesen aislados y recibiesen tan sólo alimento y cobijo de sus cuidadoras, prohibiendo que les dirigiesen la palabra o cualquier muestra afectiva, con el fin de averiguar en qué idioma hablarían primero. Todos murieron.
También a comienzos del siglo veinte, el pediatra americano Fritz Talbot, alarmado por la elevada mortalidad de los menores de 2 años en clínicas y orfanatos, donde teóricamente los bebés disponían de cobijo y alimento, viajó a una clínica alemana donde los niños diagnosticados con marasmo ( enfermedad de origen desconocido que se caracterizaba por pérdida de peso, abatimiento y desgana entre otros síntomas, y que acababa con la vida de un alto porcentaje de ellos) lograban sobrevivir. Allí halló a una mujer, Anna, corpulenta y ya mayor, que acarreaba permanentemente unos cuantos pequeñuelos. Cuando los niños perdían las ganas de vivir y comenzaba este proceso, Anna los llevaba en contacto con ella a todas horas, contraviniendo las normas que imperaban en la época que decían que a los niños debían cogerles lo mínimo necesario para su higiene y alimentación para que no se echaran a perder.
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Tags: Alimentación · Bebés · Niños
Octubre 10, 2007 by Para el Bebé · 10 Comentarios
El hecho de que los bebes prefieran dormir junto a su madre es algo totalmente natural. Teniendo en cuenta que los corderitos buscan el calor de su madre para descansar o que los gatitos vuelven al regazo de su madre después de sus excursiones, no es de extrañar que los bebes humanos también necesiten dormir como los demás mamíferos. Hasta hace pocos años, desde el inicio de la humanidad hace 10 millones de años, las familias compartían una misma cama.
El instinto de protección por parte de la madre, y el instinto de superviviencia desarrollado en los bebes, hace que ambos tengan el impulso de dormir en la misma cama. Los bebes no tienen aun desarrollado el concepto de espacio-tiempo, por lo que la separación de una pared puede significar para ellos lo que para nosotros un océano de distancia. Lo mismo ocurre con la percepción temporal, únicamente saben lo que ocurre aquí y ahora, y un solo minuto puede parecerles una eternidad. Cuando los padres no están presentes en la habitación, para el bebe supone una tremenda sensación de total soledad y causa en ellos un originario y profundo terror.
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Tags: Bebés · Niños