En muchas culturas, lo habitual es que el bebé esté siempre pegado a su madre. Desde el rebozo en Méjico hasta el amauti utilizado por la tribu inuit en Alaska, las madres de todo el mundo llevan a sus bebés a cuestas a todas partes. Las ventajas son muchas y variadas.
Al nacer, el bebé todavía no tiene sus capacidades cerebrales desarrolladas. Según los antropólogos, debido a la limitación de espacio del canal pélvico, su desarrollo debe proseguir en el espacio exterior. Al igual que los canguros, que nacen muy diminutos, trepan hasta la bolsa marsupial y continúan su crecimiento fuera de su madre, muchos científicos consideran que los humanos tenemos un comportamiento similar y que el embarazo dura en realidad 18 meses: 9 dentro y 9 fuera. Así, lo más natural es que la madre continué con su bebe cerca del corazón siempre que pueda. Si, además, esto es lo mejor para el bebé y facilita la vida a la madre, no se puede pedir más. (more…)
Resultados para "mano izquierda"
Llevar a tu bebé
Abril 17, 2008 by Para el Bebé · 6 Comentarios
Un mal sueño
Marzo 21, 2008 by armandilio · 8 Comentarios
Estoy dormida, no, estoy inconsciente. Sí, parece que estoy inconsciente y estoy despertando. Ay, no sé cómo explicarlo, es como si estuviera inconsciente, con los ojos cerrados, pero sin embargo estoy de pie. No tiene mucho sentido. Intento adivinar donde estoy, no puedo abrir los ojos, todavía no. No sé donde estoy, pienso en qué hice ayer y recuerdo que desperté con el sonido del despertador. Juan se levantó para ir a trabajar. Le besé y se marchó. Me acerqué a ver a Ivette, mi niña. Dormía en el moisés. Qué felices somos desde que nació, hace 3 semanas. Recuerdo que la observaba dormir, respirar. Hizo una mueca y apretó un poco los párpados. ¿Qué sueñas mi niña? – pensé. Recuerdo que por un momento pensé que sería bonito poder entrar en su mente, conocer sus pensamientos, ver la vida a través de sus ojos, sentir sus sensaciones y así conocer cómo funciona su pequeño cuerpecito y ver qué pasa por su pequeña cabecita. Sería tan bueno poder recordar esa época de nuestra infancia. Recuerdo que el día de ayer pasó sin más, sin ser diferente en absoluto de otros días. Incluso recuerdo el momento antes de acostarme, con Ivette mamando de mi pecho, recibiendo mis caricias, susurrándole una canción al oído. Es tan precioso verte dormir, amor mío. Se durmió, y muy despacito la dejé en el moisés. Salí de la habitación, recogimos la cocina Juan y yo, comentamos algunos planes para el fin de semana, nada definitivo, y nos fuimos a la cama. Miré de nuevo a Ivette desde la cama, la oía respirar y me tranquilizaba. Buenas noches vida mía. Buenas noches Juan.
Nada me ayuda a esclarecer mi situación. Empiezo a abrir los ojos. Aaarrgghhhh! Me duelen, demasiada luz…penetra en mis ojos, en mi mente, todo es blanco resplandeciente, como si viviera en el sol, pero sin calor, más bien todo lo contrario, siento frío, es como una luz helada, imposible ver nada. Poco a poco baja la intensidad, levanto mis manos y las giro para observarlas. Sigue habiendo mucha luz, pero distingo las formas de mis manos. Muy borroso, lo veo todo borroso. Me toco. Llevo una ropa liviana, quizá sea el camisón. Pero está húmedo, como si hubiera llovido hace poco. Miro al suelo y al frente, veo personas, veo figuras que caminan. Debo estar en medio de la calle. ¿En camisón? Que vergüenza…
Me siento pesada, como clavada al suelo, como drogada. Drogada pero con dolor, me duele todo el cuerpo, todas las articulaciones, la cabeza, como si acabara de recibir una paliza.
Las figuras indescriptibles empiezan a ser más visibles para mi. Ya no me deslumbro al mirar las cosas, me miro de nuevo. Sí, llevo un camisón, como…como de hospital. ¿Acaso me he escapado de un hospital? Ay dios mío, pero qué mal lo estoy pasando…intento caminar, descalza, doy un traspié. Mis piernas no responden como yo quisiera. Izquierda, derecha, izquierda…tengo que pensarlo antes de hacerlo, veo como mi pierna ejecuta la acción torpemente, luego la otra. Estoy andando. Debo dar muy mala impresión porque tengo un equilibrio espantoso. El dolor me impide hacerlo mejor. El mareo estropea mi estabilidad. Me acerco a una pared y me ayudo de ella para seguir avanzando. Aparto una gota que recorre mi frente hasta mi barbilla. Tengo el pelo mojado, separado en infinidad de mechones mojados que gotean y mojan mi ropa más si cabe. La gente camina, hace su vida. Veo cómo unos me observan y como otros ni siquiera reparan en mi. ¡Que angustia! ¿Donde estoy? ¡A-yú-den-me! – las sílabas salen de mis labios pero no parecen llegar a nadie.
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Niños zurdos
Marzo 27, 2007 by Para el Bebé · 2 Comentarios
Los padres y los profesores del niño zurdo pueden colaborar en gran medida para que le sea mas fácil desenvolverse en un mundo pensado y diseñado para diestros.
La mano izquierda atada a la silla era el “pedagógico” sistema que se utilizaba antiguamente en las escuelas para evitar que los zurdos escribieran con su mano fuerte, la izquierda. Hoy en día la lateralidad está aceptada como algo normal y no un signo de torpeza.
Durante los dos o tres primeros años de vida muchos niños son ambidiestros, y es normal que en actividades cotidianas usen ambas manos indistintamente. Otros, en cambio, manifiestan desde muy pequeños su preferencia lateral. En general, se puede decir que la lateralización aparece entre los 3 y los 6 años.
Los zurdos suman el 10% de la población y ven el mundo desde otra posición. Actividades que para los niños diestros no suponen un esfuerzo especial como cortar siguiendo una línea de puntos o aprender a escribir, tienen un grado de dificultad añadida para los zurdos.
Estos pequeños problemas cotidianos pueden generar frustración, ansiedad o incluso falta de confianza en los niños, cuando por su edad no son capaces de reconocer la verdadera causa de su torpeza. Por eso, el niño zurdo necesita ante todo tolerancia y paciencia por parte de sus padres y profesores, no basta con dejar que se la arregle solo con su mano izquierda, hay que enseñarle a desenvolverse como zurdo.
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