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Resultados para "resolver"

Un azote a tiempo

Julio 23, 2007 by Para el Bebé · 11 Comentarios

El castigo físico hace daño tanto a los niños como a los que lo aplican equivocadamente en la educación
Como hemos afirmado anteriormente, el castigo físico hace daño no solo a los niños, a los que son agredidos, como también al que pega y a la sociedad de una forma general. Los efectos de una educación basada en la sanción física son visibles a los ojos de todos.

Efecto de los castigos físicos en los niños y niñas

- Paraliza la iniciativa del niño, bloqueando su comportamiento y limitando su capacidad para resolver problemas.
- No fomenta la autonomía de los niños
- Ofrece la actitud violenta como un modo válido para resolver conflictos.
- Daña su autoestima. Genera sensación de minusvalía y promueve expectativas negativas respecto a sí mismo.
- Les enseña a ser víctimas. Equivocadamente, muchos creen que la agresión hace más fuertes a las personas que la sufren y “les prepara mejor para la vida”, pero sabemos que no sólo no les hace más fuertes, sino más proclives a convertirse repetidamente en víctimas.
- Interfiere en sus procesos de aprendizaje, y por lo tanto en el desarrollo de su inteligencia, sus sentidos y su emotividad.
- Se aprende a NO razonar. Al excluir el diálogo y la reflexión, dificulta la capacidad para establecer relaciones causales entre su comportamiento y las consecuencias que de él se derivan.
- Les hace sentir soledad, tristeza, y abandono.
- Incorporan a su forma de ver la vida una visión negativa de los demás y de la sociedad, como un lugar amenazante.
- Crea un obstáculo, un impedimento en la comunicación entre padres e hijos. Daña los vínculos emocionales creados entre ambos.
- Les hace sentir rabia, rencor, y ganas de alejarse de casa.
- Engendra más violencia. Enseña que la violencia es un modo adecuado para resolver los problemas.
- Pueden presentar dificultades para integrarse socialmente, es decir, para hacer amigos y jugar con los demás niños.
- No se aprende a cooperar con las figuras de autoridad, se aprende a someterse a las normas o a transgredirlas.
- Pueden sufrir daños físicos accidentales. Cuando alguien pega se le puede “ir la mano” y provocar más daño del que esperaba.
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Tags: Niños

Las mamíferas maltratadas

Junio 28, 2007 by Para el Bebé · 3 Comentarios

El libro ‘La revolución de nacimiento‘, que defiende el parto natural y denuncia la excesiva medicalización de este proceso en nuestro país.

Cuando una leona se pone de parto, busca un lugar seguro, íntimo y aislado. Si aparece algún ‘curioso’ o surge un peligro, la leona, instintivamente, interrumpe el parto y se traslada a otro lugar. Necesita tranquilidad para traer a sus cachorros al mundo.
Las españolas también somos mamíferas, pero, cuando una parturienta llega a un hospital -hay excepciones: no todos son iguales- le abren una vía en el brazo, le ponen un enema y le rasuran el vello público. La dilatación transcurre en una sala fría, fuertemente iluminada y donde a cada rato alguien le mete los dedos en la vagina. A la mujer le prohibirán comer y beber.
Si su parto no progresa adecuadamente -según los criterios de los profesionales sanitarios de turno- le pondrán un gotero con oxitocina, que hace las contracciones del útero mucho más dolorosas para la mamá y más violentas para el bebé. Por eso, hay más posibilidades de que la mujer pida la epidural, una anestesia que calma el dolor pero interfiere en el parto. Con su mamá tumbada boca arriba, el bebé no puede aprovechar la fuerza de gravedad para salir, por lo que es casi seguro que a la mujer le cortarán el periné y quizás el médico se valga de fórceps o ventosas para sacar al niño. La oxitocina y la antinatural posición de la mujer hacen más probable que los monitores detecten malestar fetal, por lo que quizá haya que practicar una cesárea. Pinzar el cordón umbilical antes de que deje de latir hará que el bebé se quede repentinamente sin oxígeno y su primera respiración sea casi de terror. Es probable que enseguida sea separado de su madre para limpiarlo y realizarle pruebas. Si ha nacido por cesárea, la separación puede prolongarse horas o días, biberones mediante, y será más difícil establecer la lactancia materna y más probable la depresión posparto…
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Tags: Alimentación · Embarazo · Niños

El castigo físico en los niños

Mayo 30, 2007 by Para el Bebé · 20 Comentarios

Hoy en día, no se puede encontrar apoyo a favor de las nalgadas en los escritos científicos. Esta opinión compartida por los expertos de la salud mental y del desarrollo infantil y por otros profesionales en campos relacionados, se ha formado durante el transcurso de muchas décadas y sus comienzos datan de siglos pasados.

Esto no significa que no hay personas que aboguen por el castigo físico de los niños, como incluso sería falso decir que no hay personas a favor del castigo físico de las esposas. Ambas son prácticas generalizadas y las personas que les pegan a otros usualmente piensan que tienen razones valederas.

El efecto perdurable que tiene en los niños

Algunos investigadores dicen que todo acto de violencia por parte de un adulto contra un niño, sin tener en cuenta lo breve o leve que sea, deja una cicatriz emocional que dura para toda la vida. Podemos demostrar esto hasta cierto punto mediante nuestra experiencia personal. La mayoría de nosotros admite que los recuerdos más vívidos y más desagradables de la niñez son aquellos en los que fuimos lastimados por nuestros padres. Para algunas personas el recuerdo es tan desagradable que hacen como si fuera algo trivial o hasta divertido. Notará que sonríen cuando describen lo que les han hecho, es por vergüenza y no por placer que lo hacen. Como un medio de protección contra el dolor que sienten en el presente, disfrazan el recuerdo de los sentimientos del pasado.

En un intento por negar o restarle importancia a los peligros inherentes a dar nalgadas, muchas personas que lo practican razonan que: “Dar nalgadas es muy distinto del maltrato,” o “Una palmadita en las nalgas nunca le hizo mal a nadie.” Pero se equivocan.
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Tags: Niños

Estimulantes del apetito

Mayo 14, 2007 by Para el Bebé · 44 Comentarios

  • Muchos padres tienen exageradas expectativas sobre los requerimientos alimenticios de sus hijos. Ellos necesitan que se les explique y tranquilice. En la mayoría de casos, sus niños/as comen normalmente.
  • Todos los niños/as pueden disminuir el apetito en forma temporal y no requieren de ningún tratamiento. Si está inapetente aliméntelos picando “como pollito”, poco pero con mucha frecuencia. En esa forma logra cubrir sus requerimientos nutricionales.
  • En todo caso de pérdida del apetito, se debe descubrir la causa que la pro­duce, para determinar si la causa del problema amerita o no tratamiento.
  • En los niños/as, también puede deberse a problemas comunes como parasitosis intestinal, anemia por déficit de hierro, infecciones de vías urinarias, deprivación afectiva.
  • En otros casos menos frecuentes hay mala absorción, enfermedades cardíacas, renales o del sistema nervioso central, trastornos endo­crinos, inflamaciones crónicas, trastornos genéticos y malignidad. En ninguno de estos casos es necesaria ni útil la administración de estimulantes del apetito.
  • En muchos niños/as que viven en pobreza y no se alimentan bien, se observan desnutrición y enfermedades añadidas. Presentan crecimiento deficiente, pérdida del apetito, deficiencia del desarrollo mental, cansancio y fatiga, que solo pueden resolverse mejorando las condiciones sociales y económicas de los países pobres y no con estimulantes del apetito.
  • No hay ninguna evidencia científica que indique que los medicamentos usados comúnmente como estimulantes del apetito tengan algún efecto sobre éste, peor sobre la causa del mismo.
  • Estimulantes del apetito, tónicos cerebrales y vitaminas, que casi siempre son inapropiados, a veces dañinos.
    La desnutrición se soluciona principalmente con una alimentación adecuada y utilizando vitaminas específicas para sus deficiencias específicas, por un tiempo limitado.
  • Algunos de los medicamentos usados como estimulantes del apetito son sustancias que se utilizan para el tratamiento de algunas enfermedades, y cuyo efecto secundario o indeseable es el aumento del ape­tito y de peso.
  • Otros efectos secundarios causados por estos medicamentos son: somnolencia, incapacidad de concentración, mareos, hipotensión, debilidad, náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, dolores de cabeza, visión borrosa, irritabilidad, pesadillas, anorexia, sequedad de la boca, opresión del pecho y debilidad en las manos.
  • Los multivitamínicos son promocionados para pérdida de apetito y condiciones asociadas, sin embargo, no hay ninguna prueba científica que los respalde.
  • RECOMENDACIONES:

  • Es más importante saber si un niño/a con poco apetito está sano, que administrar estimulantes del apetito.
  • Recuerde que muchas veces la falta de apetito es normal.
  • Cada niño o niña tiene su propia ” medida” y cada persona reconoce usualmente la cantidad de alimentos que necesita.
  • La sensación de saciedad puede ser alterada en los niños/as, mediante presión, ya sea de buenas maneras (con cantos, cuentos y entretenimientos) o no, (cuando el cuidador se irrita y lo demuestra). Entonces el niño/a aprenderá a comer la cantidad exigida, la cual podría ser mayor que sus requerimientos calóricos reales. Este proceso será el comienzo de una obesidad.
  • El cuidado que proporcionan los padres y cuidadores a los niños/as, no pue­den ni deben estar orientados únicamente a obtener una ganancia significativa de peso y talla, esto es su crecimiento.
  • Por todo esto, el apetito es un medio y no un fin. Vigilémoslos, pero no hagamos de él centro de nuestros afanes.
  • Fuente: Edufuturo

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    Tags: Alimentación · Niños

    Soluciones para la hora de la comida

    Mayo 10, 2007 by Para el Bebé · 27 Comentarios

    A medida que los niños pequeños comienzan a ser concientes de su propia identidad, desarrollan gustos y rechazos sobre lo que quieren comer, cómo y dónde. Las manías por las comidas, rehusarse a comer ciertos alimentos o a sentarse a la mesa y otros comportamientos similares son normales.

    Si pensamos con sentido común, recordaremos que un niño saludable no pasará hambre. No hay un solo alimento que sea vital. Entonces, si nuestro hijo se niega a comer ciertos alimentos, busquemos otros que le aporten los mismos nutrientes. Muchos pequeños prefieren comer poco y seguido en lugar de limitarse a tres comidas diarias. En ocasiones se hace necesaria una breve adaptación familiar, hasta que poco a poco se vaya modelando la costumbre del bebé a la de los demás habitantes del hogar.

    Los niños pequeños atraviesan con frecuencia distintas fases de comportamiento respecto a la comida. Puede que se rehúsen a comer alimentos que antes les gustaban, negarse a probar algo nuevo o limitarse a comer ciertos alimentos. He aquí algunas de las causas:

    La ambientación a la hora de comer

    A los niños mas grandecitos puede no gustarles estar “relegados” a la silla alta, y muchos prefieren una silla común, como el resto de la familia.

    Los niños más pequeños suelen distraerse con lo que ocurre a su alrededor a la hora de comer, como la televisión, otros niños de la familia o un juego o juguete con el que desean jugar. Para evitar estas distracciones, no coman con la televisión encendida, y traten de quitar de la vista todos los juguetes antes de comer.

    También puede suceder que los bebés se sientan frustrados por su incapacidad para manejar ciertos alimentos, o si los padres insisten en dárselos ella cuando ellos quieren comer por su cuenta.

    Todos estos casos pueden resolverse con leves adaptaciones que facilitarán las condiciones para que el bebé coma tranquilo. Busque soluciones en lugar de batallar con el pequeño.
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    Tags: Alimentación · Bebés · Lactancia · Niños

    Cuando llega la hora de dejar el pañal

    Mayo 10, 2007 by Para el Bebé · 24 Comentarios

    Los chicos pueden dejar los pañales sólo cuando están maduros para hacerlo, biológica, psicológica y afectivamente, lo que suele suceder entre los dos y los tres años de vida. De todas formas cada uno vive esta etapa de manera diferente y se desenvuelve dentro de un entorno sociocultural que lo determina. Es básico esperar su propio tiempo y no presionarlo. Darse cuenta de cuándo es el momento no es tarea simple, sin embargo los chicos van dando señales a medida que recorren el proceso que los lleva al control. Por lo general comienzan diciendo: “pis, pis” cuando ya se hicieron. Este primer indicio es muy importante ya que es una manifestación acerca de su incomodidad, que nos dice que algo ha cambiado, que ha evolucionado. El indicio siguiente más probable es que lo veamos quedarse quieto, su cuerpo tensionado y diciendo “pis, pis” o “caca, caca” mientras se hace en el pañal. El paso que sigue es que nos avisa y al llegar al baño aún no hizo en el pañal. Estas son cuatro etapas que seguramente tu hijo experimentará a la hora de dejar los pañales.Si te das cuenta por su actitud de que se está haciendo, lo podés mirar y preguntarle: ¿Estás haciendo pis o caca? ¿Querés que cambiemos el pañal? Se debe decir con naturalidad y sin presiones ni comentarios como: ¡Uy, casi llegás!
    Cuando avise y llegue al baño con su pañal limpio, simplemente decile: “¿Vas a hacer pis o caca?” y ayudalo en la medida en que te pida. No lo abrumes haciendo todo por él.

    Finalmente, cuando se despierte por la mañana con su pañal seco por varios días seguidos, y durante el día ya te esté avisando, será el momento propicio para cambiar el pañal por ropa interior. Habrá sido un proceso natural y relajado vivenciado como un logro en el que, en un ambiente calmo y contenedor, lo pudiste acompañar y compartir con él algo muy importante en su desarrollo.
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    Tags: Educación · Niños

    Que es el ERGE o reflujo gastroesofágico

    Mayo 10, 2007 by Para el Bebé · 55 Comentarios

    1. ¿Qué es la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE)?

    Es el paso del contenido gástrico hacia el esófago produciendo ciertos síntomas y complicaciones en el paciente. El alimento ingerido se regresa hacia la boca, mezclado con contenido gástrico.

    2. ¿Con qué frecuencia se presenta en bebés y niños?

    Las regurgitaciones son un fenómeno común durante el primer año de vida. Por lo menos dos terceras partes de los lactantes menores de 4 meses y el 5% a los 12 meses de edad presentan regurgitaciones o vómitos. Normalmente cuando no existe ningún factor asociado suele resolverse este problema de manera espontánea entre los 12 y 18 meses de edad.

    La diferencia del reflujo normal con la Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE) es la presencia de un reflujo anormal con consecuencias, a veces graves, sobre la salud del niño.

    3. ¿Cuál es la causa de la enfermedad por reflujo gastroesofágico?
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    Tags: Bebés · Lactancia · Niños

    El niño de dos años y medio a cinco : aprender a comportarse

    Marzo 13, 2007 by Para el Bebé · 51 Comentarios

    A los adultos les resulta muy dificil convivir con los niños. De hecho, la verdadera razón por la que todo el mundo se muestra tan interesado por la disciplina al principio de la infancia no es porque los niños pequeños sean tan malos, sino porque el mundo de los adultos los encuentra agotadores. Los niños son ruidosos, sucios, desarreglados, olvidadizos, descuidados, consumen tiempo, son exigentes y siempre están presentes. A diferencia de las visitas que se quedan más tiempo, nunca se marchan de casa. No se les puede aparcar en una estantería durante unas semanas cuando se tiene un trabajo extra o una afición absorbente; ni siquiera se los puede ignorar, como pasa con los animales de compañía mientras se tumba el domingo a tomar el sol, porque tienen la infalible capacidad para hacer que los adultos se sientan culpables. Los rasgos de culpabilidad que provocan los niños son peores que los cuencos de cereales volcados sobre el suelo, los amigos mordidos o las paredes rayadas con pintalabios. Amar a los niños (como hacen casi todos los padres) magnifica el dolor que producen, así como el placer. Amados dificulta incluso el admitir que a veces son un verdadero fastidio.
    Es importante poder admitido, al menos para sí misma y preferiblemente también ante su pareja o ante otra madre o padre. Todos tenemos días en los que escuchamos nuestras propias e incordiantes voces diciendo continuamente «No», «Ya basta», «No hagas eso» y en los que también escuchamos los sombríos silencios que se producen entre los estallidos. Todos pasamos por momentos en que apartamos a los niños de los objetos, o los objetos de los niños con un poco más de la fuerza necesaria, en los que tratamos a nuestros hijos de formas que recordamos de nuestra propia infancia y que juramos evitar, y en los que odiamos a esos niños por hacemos tan odiosos. Ayuda el saber que ésas son cosas que les suceden a todos los padres y ser conscientes de que no están causadas por delitos específicos de los niños, sino por una irritación general con su naturaleza infantil. Y ayuda a sus hijos porque si no pueden ser infantiles a los dos o a los cuatro años,
    - ¿cuándo podrán serlo? La ayuda a usted al impedirle llegar a la conclusión de que sus hijos son especialmente desobedientes, indisciplinados y malcriados, echándose por tanto sobre sí la culpa por considerarse una mala madre o un mal padre, que es la mayor trampa de la culpabilidad. Y recuerda a todo aquel que entre en contacto con su hijo que no le aplique una etiqueta como niño problemático, que tan facilmente se convierte en una profecía que se cumple a sí misma. Dígale a un niño que es sucio y malhablado y él procurará ponerse a la altura de esa imagen, porque probablemente la compartirá y hará que también la compartan sus maestras en la escuela. Pero aténgase a la verdad de los hechos: que es muy pequeño, que la vida en familia resulta a veces dificil, que no es usted una persona perfecta y que no debería esperar sedo, y las cosas irán mejorando. Puede “estar segura porque lo único seguro es que, a medida que pase el tiempo, su hijo
    se hara mayor.
    La socialización que preocupa a padres y niños, que los transforma de bebés en niños muy pequeños, se centra en el dominio de sus propios impulsos y cuerpos y, en consecuencia, en el control de sí mismos dentro de los confines familiares del hogar o del cuidado diario y en relación con los miembros de la familia y las cuidadoras a las que ama. Una vez que los niños han alcanzado suficiente autonomía de ese tipo y están preparados para entrar en la infancia, ya estarán listos para salir de ese pequeño círculo. A partir de ahora, el niño necesitará cada vez más del mundo externo en el que se halla situado el hogar y, en consecuencia, es ahora cuando tiene que empezar a comportarse de formas que le permitan ser aceptado por personas no pertenecientes a la familia. Cada sodedad cuenta con innumerables expectativas con respecto al comportamiento de diferentes personas bajo circunstancias distintas, y nadie esperará que un niño de tres años las satisfaga todas al mismo tiempo. A pesar de todo, estos años de la primera infancia son el período ideal para reconciliarse con lo que se esperará de ellos en el futuro, así como para practicar los comportamientos que constituyen una prioridad social en estos momentos.
    Los niños pequeños aprenderán casi cualquier cosa que los adultos traten de enseñarles porque desean saberlo todo. Desean saber, particularmente, cómo comportarse porque quieren ser como ustedes y complacerlos. Procuren que el proceso no se vea afectado por una palabra de carga tan pesada como «disciplina», con todos sus espectros relacionados, como la «desobediencia» y la «falta de sinceridad». Ese proceso debería ser siempre interesante y a menudo agradable, tanto para usted como para el niño.
    Si les gusta su hijo, y si además de amado se sienten complacidos por haber realizado hasta el momento un buen trabajo como padres, quizá puedan pasar por su infancia sin pensar siquiera en la «disciplina». Si pueden hacedo así, háganlo. La ausencia de reglas y normas en el hogar no significa que sean ustedes negligentes. Su hijo experimenta distintos estados de ánimo y ustedes también. El niño comete equivocaciones, como ustedes y a veces hace lo que desea, en lugar de lo que debiera, como todo el mundo. Para poder llevarse bien en la vida, procuren tratarse unos a otros como seres humanos, y es posible que eso sea lo único necesario. Si las cosas funcionan de ese modo, no se moleste en leer este capítulo, destinado únicamente a los millones de padres que necesitan de una seguridad más estructurada con respecto a que sus hijos no se les «escaparán de las manos», o que ya experimentan la sensación de tener algunos problemas con la disciplina.
    Los diccionarios definen la palabra como «enseñar reglas y formas de comportamiento mediante la continua repetición y el ejercicio», ya una persona disciplinada como alguien de cuya «obediencia no se duda». Pero no es eso lo que la mayoría de los padres modernos entienden por disciplina. Puede insistirse en la obediencia instantánea y en las buenas maneras formales, comprobar que su hijo se comporta como se le ha dicho y que teme disgustados. Pero nada de todo eso ayudará a que se comporte bien, se mantenga a salvo o sea honesto cuando no esté usted presente para decide lo que tiene que hacer. N o va a estar siempre a su lado. Los buenos padres son los que se van apartando lentamente de esa tarea.
    Aunque todos los padres experimentan momentos en los que desearían que sus hijos les «obedecieran al instante», de tal modo que decides: «Siéntate y estáte quieto» produjera unos niños quietos y silenciosos, la única clase de disciplina que realmente merece la pena es la auto disciplina que algún día le permitirá hacer y comportarse como debe cuando no haya nadie para decide lo que ha de hacer o incluso observar si no lo hace. Aparte de la necesidad inmediata de mantenerlo a salvo, decide a un niño lo que debe y no debe hacer sólo es un medio para alcanzar ese fin. Sus continuas exhortaciones e instrucciones sólo son las materias primas, que sólo adquieren valor añadido una vez que él las asume y las convierte en sus propias instrucciones, en parte de su conciencia.
    Aprender los rudimentos de la auto disciplina exige mucho más tiempo que los años de la primera infancia. Algunos niños no la adquieren a tiempo para mantenerse firmes a través de los trastornos de la adolescencia. El autocontrol de algunos individuos sigue siendo rudimentario, de tal modo que incluso como adultos nunca pueden confiar del todo en sus propios juicios de valor o control de sus impulsos. Cuando el niño era un bebé usted tuvo que ser él, actuar por él en todas aquellas formas en que no podía hacerlo por sí mismo, y en pensar por él cuando ni siquiera sabía pensar. Al convertirse en un niño pequeño, tuvo usted que combinar el permitirle empezar a ser él mismo con la conservación de un control total sobre su seguridad y aceptabilidad social. Ahora que ya es un niño en edad preescolar, está preparado para empezar a aprender a cuidar de su propia seguridad y aceptabilidad social. Le enseñará a comportarse en innumerables situaciones y circunstancias diferentes y le ayudará a comprender que todas esas formas diferentes de comportamiento se resumen en algunos principios básicos y vitalmente importantes, como la sinceridad o la amabilidad. A medida que-aumente su comprensión, irá usted retirando su control, paso a paso, confiando en que sea él mismo quien aplique los principios aprendidos porque hacerlo así ya no es una cuestión de obedecerle, sino de ser fiel a sí mismo.

    «Mostrar» al niño cómo debe comportarse es clave porque el niño imitará ~ el comportamiento que le dé usted con su ejemplo, antes que adaptarse a lo que usted le diga. De hecho, si existiera un vacío de credibilidad entre lo que usted dice y lo que hace, él hará lo que usted haga, al margen de lo que le diga, así que tenga cuidado con las técnicas disciplinarias anticuadas como «devolver el mordisco» a los niños que muerden. El «cómo» también es un concepto importante porque a los niños les resulta mucho más facil comprender y recordar instrucciones positivas que negativas: es decir, recuerdan mejor lo que deben hacer antes que lo que no deben, y prefieren la acción a la inacción. Procure decirle: «Así» en lugar de «Así no», y decir «Sí» y «Adelante» al menos con la misma frecuencia con la que diga «No» y «Basta».
    Cada padre es diferente y desea que sus hijos se comporten de formas, diferentes, pero hay algunas reglas básicas que pueden aplicarse en todos h sistemas de valores:
    . «Haz a los demás lo mismo que te gustaría que hicieran contigo.» Su hijo no le ofrecerá mucha más amabilidad, consideración y cooperación de :.. que usted le ofrezca a él y es muy probable que reproduzca su misma forma de hablar (tanto buena como mala) y muchas de sus mismas actitudes. Aqui; no hay estándares dobles. Si usted siempre está demasiado ocupado para ayudarle a resolver un rompecabezas y le grita cuando tropieza accidentalmente con su pie, él no le ayudará a poner la mesa ni le perdonará fací!mente cuando el peine le tire de los cabellos enredados.
    Procure recompensar el buen comportamiento y no el malo. Eso parece: algo evidente, pero no lo es tanto. Si se lleva al niño de compras y lloriquea pidiendo dulces, quizá decida comprárselos para tener paz. Pero si no llora para pedir los dulces, ¿recibe alguna recompensa agradable, ya sea el;¡ forma de dulces o con una excursión especialmente entretenida en Su’: compañía?
    . Recuerde que la atención adulta actúa como una recompensa y que los niños pequeños a menudo prefieren contar con una atención malhumorada, antes que con ninguna. Procure no adoptar una actitud sigilosa en sus relaciones con la farniIia. Si no hace caso de su hijo cada vez que está tranquilamente ocupado y sólo le presta atención cuando debe, estará recompensándole por molestar y castigándole por ser un placer.
    . Procure ser positiva, además de clara. Ni siquiera las instrucciones positivas son muy eficaces si no son claras: «Compórtate» parece una instruccion:. positiva, pero no tiene significado alguno para un niño de esta edad. Lo que en realidad quiere decirle es: «N o hagas nada que no me guste», lo que es una orden imposible de cumplir porque él no sabe lo que no le gusta ; usted.
    . Aparte de situaciones de emergencia en las que los razonamientos deban esperar para más tarde, dígale siempre por qué debe comportarse (o no) de determinada forma. No tiene por qué entrar en explicaciones complicadas para cada pequeña petición que le haga, y mucho menos en una discusión. pero si insiste en decirle «Porque lo digo yo», no podrá encajar esa instrucción concreta en la pauta general de «cómo comportarse» que se esúchando en su mente. «Vuelve a dejar esa pala donde estaba», le dice. ¿Por qué? ¿Porque es peligrosa, sucia, se puede romper, o porque quiere estar segura de encontrarla en el mismo sitio la próxima vez? Si le dice que pertenece a los obreros de la construcción a los que no les gusta que otros cojan sus cosas y las trasladen de sitio, también podrá aplicar ese mismo pensamiento a otras ocasiones. Pero si le dice: «Haz lo que te digo», no le esta enseñando nada.
    . Reserve las negativas para las verdaderas reglas. Decirle al niño que no haga cosas sólo es eficaz cuando usted desea prohibirle una acción concreta de una vez por todas. Si sólo quiere prohibirle un determinado comportamiento ahora, en estas circunstancias concretas, será mejor darle la vuelta y expresarlo positivamente. Por ejemplo: «No me interrumpas mientras hablo» es inútil, porque hay muchas otras ocasiones en que desea usted que la interrumpa, para decirle, por ejemplo, que las patatas ya están hirviendo, que su hermana llora o que necesita ir al servicio. Es mucho mejor decirle: «Espera un momento a que hayamos terminado de hablar». Las negativas concretas se convierten en reglas. Mientras las reduzca a un mínimo es muy
    probable que el niño las acepte con facilidad, sobre todo si le explica las razones. Dígale: «No subas nunca a ese árbol porque no es seguro. Si se atiene a ello y no le permite arriesgarse «ni una sola vez», ese árbol en particular se reconocerá como algo prohibido. «No cruces nunca la calle sin ir acompañado por un adulto», es otra regla útil para un niño de tres o Cuaatro años, que él aceptará siempre y cuando no lo envíe al quiosco de la esquina. a comprar el periódico porque la calle es pequeña.
    Las reglas son muy útiles para mantener a salvo a un niño pequeño aunque, cuando esté en juego su seguridad, no puede confiar en su autodisaplina para que le obedezca, sin supervisión), pero no tienen mucha importancia a la hora de enseñarle a comportarse porque son demasiado rígidas e inflexibles como para ser útiles en la vida cotidiana. Así pues, intente que las reglas sean temas definitivos, aquí y ahora, y evite transmtirle reglas sobre temas de principios que le importarán durante toda su vida.
    Evidentemente, no pueden enseñar al niño a comportarse si ustedes mismos no estan seguros d e como deberia comportarse a gente, asl que es importante ser coherentes con sus propios principios. Su hijo no es un animal de circo al que se le enseña a responder siempre ante una señal determinada con un ejercicio en particular. Es un ser humano, enseñado a responder lo mejor que pueda ante una amplia variedad de señales, lo que implica el darse cuenta de que, a veces, las circunstancias alteran las situaciones. Aunque animar a un niño de dos años a dibujar en una pizarra colgada de la pared de su dormitorio hará que sea más probable que dibuje en las paredes del salón, es muy posible que a la edad de cuatro años, si los adultos se toman el tiempo para explicarle y comentar las cosas con él, termine por comprender dónde es correcto dibujar y dónde no. Los dulces repartidos generosamente en Navidad no le hará esperarlos una vez terminadas las fiestas y el permiso para saltar sobre la cama de la abuela no le hará olvidar que en su cama de matrimonio está prohibido ponerse a saltar.
    Confie en que su hijo tiene buena intención, incluso cuando no la tenga. Si tiene la sensación de que siempre hay un adulto pendiente de él, preparado para corregido o darle instrucciones, probablemente no se molestará en pensar demasiado en lo que debe o no debe hacer. Dentro de los límites propios de su edad y de su fase de desarrollo, procure traspasarle toda la responsabilidad que pueda sobre su propio comportamiento y hacerle sentir que confia en él.
    Si tiene que ir a casa de unos amigos, por ejemplo, no lo agobie con instrucciones tan estrictas como «Recuerda dar las gracias» y «No olvides limpiarte los zapatos al entrar». Si está dispuesta a dejado ir, también debe estado para permitirle que se haga cargo de sí mismo. Sus exhortaciones no le ayudarán a comportarse con amabilidad, sino que sólo le harán sentirse incómodo con la simple idea de ir.
    Cuando se equivoque, y especialmente cuando tenga la sensación de ha ber sido injusto, admítalo. No permita que su falsa dignidad de adulto le impida demostrarle cuál es la forma correcta de comportarse. Hasta cierto punto, él la toma como modelo, por lo que es importante pedirle disculpas. Suponga que lo acusa de haber roto un vaso y no le cree cuando el lo niega. Mas tarde descubre que se ha equivocado. Según lo que usted trata de enseñarle, le debe a l niño una sincera disculpa. No hay forma de evitarlo, de salvar la cara. Usted se equivocó, fue injusta y se negó a creerlo cuando le estaba diciendo la verdad. Se le pide que la perdone por ello, el la respetará más, no menos.

    PROBLEMAS DE COMPORTAMIENTO
    Si piensa realmente en la «disciplina» como una cuestión de demostrarle a su hijo cómo comportarse, descubrirá que la mayoría de los «problemas de comportamiento» son en realidad de madurez, antes que de moralidad, y que la mayoría de los temas problemáticos de disciplina se pueden resolver con facilidad. Un relativo nivel de comportamiento que «busca atraer la atención», por ejemplo, es una forma normal de responder ante la atención
    racionada que recibe el niño por parte de adultos siempre muy ocupados. Si se puede aumentar la ración de atención agradable que le dedica, él no tendrá que llamar la atención para que usted le regañe.

    DESOBEDIENCIA:
    Probablemente la obediencia instantánea e incuestionable permitió a los padres victorianos de las familias numerosas llevar una vida pacífica, pero no puede producir niños capaces de pensar por sí mismos y, en consecuencia, de cuidar de sí mismos desde una temprana edad. La diferencia quedó nítidamente ilustrada cuando tres niñas pequeñas fueron secuestradas en un coche frente a su escuela. Una cuarta niña corrió a su casa y dio la voz de alarma tan rápidamente que el coche fue localizado y detenido y las niñas volvieron a estar en sus casas antes de una hora. Uno de los turbados padres preguntó: «Cariño, ¿por qué te fuiste con ese hombre en el coche? Siempre te hemos dicho que no vayas con personas extrañas». Con los ojos muy abiertos y una mirada de reproche, su hija le contestó: «Pero es que ese hombre me dijo: “Tu padre me ha dicho que vengas conmigo en seguida. Me ha enviado para recogerte”. Así que me fui con él porque siempre me has dicho que debo hacer lo que tú digas». La niña que dio la voz de alarma fue interrogada por la policía: «¿Qué te hizo correr a casa en lugar de irte en el coche con tus compañeras?», a lo que la pequeña contestó: «Mi papá y mi mamá siempre me han dicho: “¡Piensa!”. Así que pensé que si papá hubiera querido que fuéramos con él, habría venido a buscamos y que aquel hombre dijo que un papá le había enviado a buscamos, pero cada una de nosotras tenemos papás diferentes. Entonces pensé que sería mejor preguntárselo a mi mamá y eché a correr».
    Si se deja de lado la cuestión de la «obediencia» y la «desobediencia», y en lugar de eso se piensa en lograr la cooperación del niño, se solucionan muchas cosas. A veces, el niño no hará lo que usted desea porque quiere hacer algo diferente. No se irá a la cama porque antes quiere terminar su juego. No es la desobediencia lo que causa el problema, sino un simple conflicto de intereses. En lugar de gritarle: «Haz lo que te digo ahora mismo», encuentre un compromiso, como: «Bueno, pero sólo cinco minutos más». En otras ocasiones no hará lo que usted desea porque no lo ha comprendido. Si se le dice que permanezca sentado ante una mesa hasta que se haya terminado de comer, quizá quiera levantarse en cuanto haya terminado su plato. N o había comprendido que usted se refería a cuando todos terminaran de comer. No la ha desobedecido, sino que simplemente no la había comprendido. A veces no hará lo que usted desea porque se dispone a fastidiarla. Siente ganas de demostrarle su independencia. Se siente revoltoso. Si le dice que no toque su libro nuevo, eso será lo primero que hará. De entre todos los ejemplos expuestos, éste y sólo éste es verdadera desobediencia. Se trata de un intento deliberado de provocarla y el éxito que tenga dependerá probablemente del daño que haya causado. Si ha arrancado la cubierta, se sentirá usted furiosa con él. Eso es una realidad. Él mismo se sentiría enfadado si usted hubiera estropeado algo suyo; su acción ha provocado una reacción humana universal. Pero el triste daño causado es lo que merece el regaño, no la «desobediencia». Si no ha causado verdadero daño es mejor quitarle importancia al asunto y negarse a ponese a la altura de la provocación: «¿Te he dicho yo que hagas precisamente lo único Los niños viven en un mundo dificil de controlar, y en el que a menudo se les acusa de causar una u otra clase de daño. Negar una cosa mal hecha, por tanto, es la clase de mentira que les suele causar problemas. Su hijo rompe por error la muñeca de su hermana. Enfrentado al hecho, lo niega. Probablemente se enfada más con él por haber mentido que por el estropicio.
    Si cree usted que el niño debe confesar cuando haya hecho algo mal, facilítele las cosas: «Esta muñeca está rota. Me pregunto qué habrá ocurrido. De ese modo, es más probable que diga: «Yo la he roto. Lo siento», que si le dice: «Has roto esta muñeca, ¿verdad, chico malo y descuidado?». Si el niño admite algo, ya sea porque usted lo obliga a ello o por iniciativa propia, procure no abrumarlo con expresiones de enfado o con castigos. La situación no acabará bien si pretende usted conseguir las dos cosas. Si desea que le diga cuándo ha hecho algo mal, no puede enfurecerse con él. Si se pone furiosa, él sería un estúpido si se lo dijera la próxima vez, ¿verdad?
    A veces contar cuentos también causa problemas a algunos niños. Los que están en la edad preescolar no suelen saber diferenciar la realidad de la fantasía, o lo que desearían que hubiese ocurrido de lo que realmente ocurrió. Aceptan felices los cuentos sobre el conejo de Pascua, al mismo tiempo que tienen un conejo de peluche propio y nada mágico; no ven que haya contradicción alguna entre ambos.
    Si está dispuesta a leerle cuentos de hadas y ayudarle a disfrutar de los Reyes Magos, no es razonable regañarle por mentir cuando llegue de un paseo contando una complicada historia sobre cómo se ha encontrado con un león y le ha sacado una astilla de la pata. Disfrute con la historia. Esa clase de fantasías no son mentiras en el sentido moral del término.
    A veces los padres se preocupan porque sus hijos no parecen tener consideración alguna por la verdad. Quizá les oigan hablar del inexistente vestido nuevo de mamá, o anunciar que se sintieron muy malla noche anterior cuando no fue así, o decirle a un amigo que salieron para ir a una cafetería cuando no lo hicieron. Hay muchas razones que explican esta clase de conversación casual e inexacta, pero una muy importante es que los propios niños oyen decir esas cosas a sus padres. Los adultos mienten por tacto, amabilidad o deseo de no herir los sentimientos de otras personas, o para ahorrar tiempo. El niño los escucha. La oye a usted mostrarse de acuerdo con la vecina y lamentarse del mucho calor, cuando poco antes le ha dicho lo mucho que le agrada el calor. Si no le explica las razones de estas pequeñas mentiras inocentes, no cabe esperar que comprenda por qué él no puede exagerar o falsear nunca las cosas y usted sí.
    Si el niño cuenta muchas historias inventadas y añade muchos detalles ficticios a lo que cuenta de la vida cotidiana, hasta el punto de que no puede usted estar segura de qué es verdad y qué no, ha llegado el momento de aclararle por qué importa la verdad. No caiga de nuevo en el error de decirle que contar mentiras es «malo». En lugar de eso, cuéntele la historia del pastor que gritaba: «¡Que viene el lobo!». Es un buen cuento y disfrutará oyéndolo. Indíquele que al no saber si lo que él le cuenta es cierto o no, tal vez no sepa cuándo le ha ocurrido algo realmente importante, o cuándo se ha sentido realmente enfermo. Lleve toda la conversación de modo que él tenga la sensación de que lo único que le importa a usted es que diga la verdad porque se preocupa por él y porque quiere estar segurá de que cuida apropiadamente de sí mismo, de que se trata más bien de una cuestión de exactitud de la comunicación, antes que de «ser bueno».

    ROBO
    , Muchos niños en edad preescolar, sobre todo los que no tienen hermanos. mayores que les dicen continuamente: «¡Eso es mío!», tienen un sentido
    vago de los derechos de propiedad como de la verdad. En la familia habrá muchas cosas que pertenecerán a todos, otras que serán de alguien en particular, pero que se pueden prestar, y unas pocas que serán «posesiones reservadas
    que sólo pertenecerán a su dueño. Fuera de la familia también hay
    complicaciones. Es correcto conservar la pequeña pelota encontrada entre
    los arbustos del parque, pero no lo es quedarse con el dinero. Está bien traer a casa la pintura que se ha hecho en la escuela, pero no un paquete de plastilina. Se puede coger un folleto de una tienda (aunque no todo el contenido de la caja), pero no un paquete de sopa. Hasta que no sea capaz de comprender esto, no sirve de nada transformar en un tema moral el hecho ~ que el niño pequeño coleccione cosas que llamen su atención. No obsante, tampoco se puede afrontar el tema con frivolidad porque, incluso a los tres o cuatro años, los demás pueden considerarlo como un robo y armarán un gran jaleo.
    Le será útil separar el tema de principios de las complejidades del comportamiento cotidiano. Hable de lo primero y establezca algunas reglas. como guía para lo segundo, como: no traigas nada de la casa de nadie sin pedir permiso. Pregúntale siempre a un adulto si puedes quedarte con algo que hayas encontrado. Nunca cojas nada de una tienda mientras un adulto no te dé el permiso para hacerlo. Procure no ser demasiado moralista con, respecto al dinero. Si el niño le coge algo del bolso, deténgase un momento
    a pensar qué le habría dicho si se hubiera tratado de un lápiz de labios y luego dígale lo mismo sobre el dinero porque, para él, es lo mismo. Es un tesoro. Sabe que el dinero es precioso porque les ha escuchado hablar de él y ve que lo cambian por cosas agradables. Pero para él es como una de esas fichas que se ponen en ciertas máquinas. No tiene concepto alguno de lo que es el dinero real.
    El niño que no hace más que coger cosas, comportarse como una urraca o coleccionar las posesiones de los demás en el fondo de un cajón, es muy posible que tenga problemas emocionales. Quizá intente, de una forma simbólica, tomar algo que no tiene la sensación de que se le dé, y ese algo de lo que carece quizá sea amor y aprobación. En lugar de mostrarse furiosa y alterada, y de hacerlo sentirse desdichado, intente ofrecerle lo que de verdad necesita. Si no puede y él continúa robando, probablemente sería sensato buscar ayuda profesional, antes de que el niño alcance la edad de ir a la escuela. Es mucho más Facil calificar a un niño de «ladrón» que quitarle esa etiqueta.

    DISCUSIONES Y NEGOCIACIONES

    Todos los niños buscan evasivas cuando se les pide que hagan algo que no desean hacer. Puede ser enloquecedor hablar con un niño que no quiere escuchar, o que dice «Está bien», pero no hace nada. Todavía es más irritante que un niño discuta ante cada sugerencia, petición o instrucción que se le hace. La vida sería corta si sólo tardáramos cinco minutos en convencer a un niño de cuatro años de que necesita ponerse zapatos para salir a la calle, y otros cinco minutos para conducirlo hasta la puerta… Pero vale la pena pensar en lo enloquecedor que tiene que ser para un niño pequeño, que ocupa un lugar tan bajo en la jerarquía familiar, que se le pueda interrumpir de lo que esté haciendo y que casi todos los adultos con los que se encuentra puedan darle órdenes. Un poco de toma y daca mutuo, basado en haz con los demás lo que te gustaría que hicieran contigo, ayudará mucho más que los gritos. Tambien ayuda ser consciente de que a muchos niños’ pequeños les resulta difícil la transición de una actividad a otra. Necesitan numerosos avisos de que se acerca el momento de comer de salir de acostarse, así como mucho tiempo extra para empezar a moverse.

    Algunos niños, sobre todo los muy inteligentes cpatan en seguida en seguida :a idea de que si usted desea que hagan algo que ellos no quieren hacer disponen de un cierto poder de negociación. En lugar de irse en silencio a su para cambiarse la camisa sucia. su hijo tal vez le pregunte: .Si me pongo la camisa limpia porque tú quieres, ¿me darás las pinturas porque yo quiero?». Lamentablemente, algunos padres la frecuente ímpresión de que eso es, de alguna forma, «descarado-. Creen tener derecho a decirle lo que tiene que hacer y no desean admitir que él tiene el mismo derecha «¡Haz lo que te dice tu madre y no discutas!., ruge el padre. Realmente volvemos al tema de la obediencia inmediata.Negociar es una forma muy útil de intercambio humano, como bien ha descubierto cada sociedad adulta a lo largo de la historia. Pero es evidente que usted terminará por hartarse si el niño siempre intenta obtener algo a cambio de cada cosa que se le recuerda que haga, sobre todo si es responsabilidad del niño, no de usted. ¿Por qué habría usted de pagar por eso? Procure limitar las negociaciones a las peticiones excepcionales o aquellas que sean inusualmente aburridas para el niño y luego úselas por iniciativa propia, en lugar de esperar a que sea siempre él quien las proponga.
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    Tags: Educación · Niños

    EL NIÑO DE DOS AÑOS Y MEDIO A CINCO: aprender a comportarse

    Marzo 6, 2007 by Para el Bebé · 3 Comentarios

    A los adultos les resulta muy dificil convivir con los niños. De hecho, la verdadera razón por la que todo el mundo se muestra tan interesado por la disciplina al principio de la infancia no es porque los niños pequeños sean tan malos, sino porque el mundo de los adultos los encuentra agotadores. Los niños son ruidosos, sucios, desarreglados, olvidadizos, descuidados, consumen tiempo, son exigentes y siempre están presentes. A diferencia de las visitas que se quedan más tiempo, nunca se marchan de casa. No se les puede aparcar en una estantería durante unas semanas cuando se tiene un trabajo extra o una afición absorbente; ni siquiera se los puede ignorar, como pasa con los animales de compañía mientras se tumba el domingo a tomar el sol, porque tienen la infalible capacidad para hacer que los adultos se sientan culpables. Los rasgos de culpabilidad que provocan los niños son peores que los cuencos de cereales volcados sobre el suelo, los amigos mordidos o las paredes rayadas con pintalabios. Amar a los niños (como hacen casi todos los padres) magnifica el dolor que producen, así como el placer. Amados dificulta incluso el admitir que a veces son un verdadero fastidio.
    Es importante poder admitido, al menos para sí misma y preferiblemente también ante su pareja o ante otra madre o padre. Todos tenemos días en los que escuchamos nuestras propias e incordiantes voces diciendo continuamente «No», «Ya basta», «No hagas eso» y en los que también escuchamos los sombríos silencios que se producen entre los estallidos. Todos pasamos por momentos en que apartamos a los niños de los objetos, o los objetos de los niños con un poco más de la fuerza necesaria, en los que tratamos a nuestros hijos de formas que recordamos de nuestra propia infancia y que juramos evitar, y en los que odiamos a esos niños por hacemos tan odiosos. Ayuda el saber que ésas son cosas que les suceden a todos los padres y ser conscientes de que no están causadas por delitos específicos de los niños, sino por una irritación general con su naturaleza infantil. Y ayuda a sus hijos porque si no pueden ser infantiles a los dos o a los cuatro años, ¿cuándo podrán serlo? . (more…)

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    Tags: Alimentación · Bebés · Niños

    Mi niño no me come: consejos para prevenir y resolver el problema por Carlos González

    Febrero 17, 2007 by Para el Bebé · 246 Comentarios

    Bebe comiendo
    LAS CAUSAS

    Cómo empieza todo
    ¿Para qué sirve comer?

    Dios, solía decir mi madre, podría habernos hecho de forma que no necesitásemos comer. Enfrentado cada día con el eterno dilema del ama de casa, , tengo que darle toda la razón.
    Es una lata, es verdad. Pero estamos hechos así: necesitamos comer. ¿Se ha preguntado alguna vez para qué?
    Sin entrar en complejidades filosóficas, podríamos decir que la comida tiene tres funciones principales: comemos para mantenernos con vida, para crecer (o engordar) y para movernos.
    -Para mantenernos con vida. Nuestro cuerpo necesita una gran cantidad de comida, simplemente para seguir funcionando. Aunque estuviésemos las veinticuatro horas del día durmiendo, aunque nuestro periodo de crecimiento haya terminado, seguiríamos necesitando comida.
    -Para crecer o engordar. Nuestros músculos y huesos, nuestra sangre y nuestra grasa, incluso nuestro pelo y nuestras uñas, se fabrican a partir de lo que comemos.
    -Para movernos, trabajar, jugar… Se necesita energía para moverse. Todo el mundo sabe que los deportistas o los mineros necesitan más comida que los oficinistas, y que el ejercicio abre el apetito.

    Cuánto necesita comer un niño
    ¿Para qué comen los niños?

    -Para mantenerse con vida. La cantidad de comida que necesita un animal, aparte de su trabajo y su crecimiento, depende básicamente de su tamaño. Un elefante come más que una vaca, y una vaca más que una oveja. Si se compra usted un perro, tenga cuidado al elegir la raza: un pastor alemán come mucho más que un caniche. (more…)

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    Tags: Alimentación · Bebés · Cochecitos · Compras · Lactancia · Niños