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Trastornos del control de esfínteres

En el desarrollo evolutivo, el niño tiene que pasar y superar muchas etapas a lo largo de su vida.

Uno de los pasos que se encuentra cara a cara con el niño, es el de poder llegar a controlar su esfínter. Es un logro extraordinariamente importante en la vida del infante.
Normalmente los padres comienzan a prepararse para retirar el uso de los pañales, pero cuando se llega a los tres o cuatro años y el niño o la niña, no da señales de controlar, aunque sea de forma intermitente y sigue mojando la cama o incluso haciéndose lo encima, ya empiezan a preocuparse.

Aunque hay que tener en cuenta que hay niños algo más lentos que otros en este tema y no supone ningún problema, pero cuando los padres lo entiende como un problema, ya que repercute en la vida diaria del niño, es cuando se deben tomar cartas en el asunto.

Los pasos que se siguen, normalmente, en el aprendizaje del control de esfínteres son:

1.- Control rectal nocturno.
2.- Control rectal diurno.
3.- Control urinario diurno y nocturno.

No todos los chicos controlan sus necesidades a la misma edad. Muchos lo logran alrededor de los dos años, pero no existen reglas fijas. El margen es amplio. Hasta los cuatro años no puede hablarse de atraso y antes de los cinco no se considera que exista un trastorno (enuresis o encopresis). Dado que las circunstancias que provocan el problema no son siempre las mismas, es aconsejable consultar con un pediatra, quien podrá hacer un examen directo y detallado del caso y establecer el tratamiento adecuado.

Los padres y las parvularias deben tener calma y no precipitarse, sólo así conseguirán que el niño controle sus esfínteres sin ningún problema ni trauma futuro.

No se debe presionar al niño a que controle su vejiga o su tracto intestinal, antes de que él esté totalmente preparado para hacerlo.

A los padres les resulta muy difícil ser objetivos en cuanto al entrenamiento para el control de esfínteres. Debido a nuestra cultura y a las experiencias individuales de la mayoría de los adultos, ésta les exige que se sientan responsables por el éxito del niño. Cualquier fracaso es sentido como un reflejo de una crianza deficiente, convirtiendo al niño en algo que hay que entrenar, presionándolo a aprender en contra de sus propios deseos.

No hay que basarse en experiencias propias, ni en consejos de terceros para evaluar la situación del niño en relación con sus esfínteres; cada niño tiene su ritmo y su velocidad de aprendizaje, y valorar esta independencia es clave para no ejercer presión y causar serios problemas.

Debido al estrés causado por la presión, el niño puede retener las deposiciones, causándose estreñimiento crónico que puede desembocar en el ensanchamento del colon (megacolon), y sin darse cuenta pero regularmente, el niño dejará salir al pantalón algo de materia fecal líquida alrededor de una deposición dura que ha retenido. Esto puede dar la sensación de diarrea, cuando el problema es el estreñimiento. Algo que ayudará a ablandar la deposición para que no haya dolor es disminuir la presión, antes de volver a comenzar el entrenamiento.

Algunos niños dejan escapar la orina, especialmente cuando están bajo estrés.El quejarse de esto al pediatra hace que éste sienta la necesidad de hacer pruebas para establecer si el esfínter urinario o de la vejiga están intactos; hay vienen las radiografías, los catéteres y la invasión de los genitales, haciendo que el niño se asuste y produciendo una vulnerabilidad mayor a la incontinencia crónica, debido a que el infante crea una fijación en este aspecto.

El medio ambiente también ejerce presión, y no necesariamente por lo referente al control de esfínteres. Este estrés se puede reflejar en dolores abdominales, cólicos y deposiciones sueltas. si por ello, al niño se le dificulta controlarse, la tensión aumentará y control de esfínteres se convierte en un asunto que agrava el estrés del niño, y lo vuelve más consciente de esa parte de su cuerpo.

Para diagnosticar, hay que emplear radiografías gastrointestinales, enemas y manipulaciones. El resultado es que el tracto gastrointestinal inferior del niño acabe recibiendo toda la tensión.

Cuando hayan problemas se recomienda:

*Hablar abiertamente del problema. Los padres deben reconocer que han sido demasiado dominantes.
*Expresar con claridad que el aprendizaje del control de esfínteres es cosa del niño.
*Hacerle saber al infante que muchos niños se demoran en adquirir control sobre sus esfínteres
*Hacerle ver al niño que sí hay esperanza en su lucha para el control de esfínteres.
*Mantener al niño en pañales o en ropa protegida, no como castigo, sino para eliminar la ansiedad
*No hacerle pruebas al niño. Háganle un análisis de orina, pero sin manipulaciones ni invasiones (enemas, catéteres, radiografías, etc.). se deben permitir estas pruebas solamente si el pediatra ve claros indicios de que hay un problema físico.
*Dejar al niño tranquilo y no mencionar de nuevo lo sucedido.
*Hacer que las deposiciones del niño sean siempre blandas, para esto se le puede dar fruta y fibra. Tranquilizar al pequeño en el sentido de que sus deposiciones siempre serán así.
*Aclararle al niño que cuando logre el control, el éxito será suyo no de los padres.
*Los padres que sientan que están interviniendo demasiado deben solicitar consejo. Necesitan ponerse de acuerdo sobre la manera de manejar el control de esfínteres para que un conflicto entre ellos no afecte al niño, a tal punto que amenace su imagen de sí mismo.

MOJARSE EN LA CAMA

Debido a las presiones de la sociedad, mojarse en la cama (enuresis) se vuelve un problema para muchos niños, especialmente varones, a la edad de 4 a 6 años. Si la enuresis continúa, el niño no puede quedarse donde sus amiguitos, no se atreve a reconocer ante nadie que moja la cama , y los padres se desesperan con este fracaso ya que comienzan a comparar con otros niños, que a la edad del suyo, ya han superado este problema.

Mojarse en la cama hará sentir al niño impotente y desesperanzado; dirá que no le importa y hará cualquier cosa para esconder su fracaso por las mañanas, pero la verdad es que se sentirá culpable en torno a su sexualidad en desarrollo, y afectará su imagen de sí mismo. Lo que está en juego con este problema es la necesidad del niño de volverse independiente a su propio ritmo.

Aunque las razones pueden ser fisiológicas, como una vejiga inmadura que se vacía con frecuencia, un sueño demasiado profundo (resultado de un sistema de señales inmaduro) o inclusive una infección, el problema radica en quién controlará la decisión.

A medida que los médicos y los padres empiezan a investigar las causas y a tomar medidas (como alarmas, castigos o aparatos que emiten señal cuando el niño se moja) el niño va perdiendo su autonomía y su necesidad de controlar la situación, viéndose a sí mismo como un fracasado.

Los intentos de los padres por controlar la situación como si fueran ellos los del problema, con seguridad se verán destinados a fracasar y ahondarán en el niño su sensación de incompetencia. Los niños necesitan desarrollarse a su propio ritmo el cual hay que respetar. La presión de padres y compañeros puede agravar el problema pero no cambiarán los patrones de desarrollo del infante.

El control diurno parece resultarles más fácil a las niñas (en promedio lo logran 2.46 meses antes que los niños), a la vez que tienen menos probabilidad de mojarse de noche. Algo de ésto puede deberse a diferencias anatómicas, pero con certeza se debe a diferencias en la expectativa social y a sutiles patrones de comportamiento ligados al género, y a las expectativas que los hombresitos tienen de sí mismos.

Por encima de todo, no orinarse de noche debe convertirse en la meta del niño y no en la de los padres o la sociedad. Los padres deben relajarse y eliminar la presión sobre el niño. Si hay problemas de una imágen pobre de sí mismo, de inmadurez psicológica o de autodesvalorización, se deben afrontar. Si el niño se halla sujeto a demasiadas presiones, ya sea en la escuela o con la propia familia, éstas deben ser disminuidas. El padre debe acercarse más a su hijo y darle la confianza para que el niño se identifique con él, a la vez que pueda entender la imágen que tiene el niño de sí mismo.

El control de esfínteres es…

•el resultado de un proceso que tiene idas y vueltas, no es lineal y admite, desprolijidades, como todo aprendizaje nuevo que intentamos.

•un paso de suma importancia en el desarrollo mental, emocional y social del niño.

•la primera vez en que el niño toma la decisión de no dejar libre curso a la satisfacción de sus necesidades.

•hacerse cargo de la incomodidad de la tensión que significa controlar

•asimilar la ley de los adultos para integrarse al mundo e ingresar a su cultura. O sea, aceptar que hay reglas básicas y conductas que como papá y mamá esperamos de él o ella..

•darse cuenta de sus necesidades, querer y ser capaz de controlar sus esfínteres hasta que encuentre el lugar conveniente e indicado.

•Un proceso que da la oportunidad de mirar al niño y a la niña y revisar el vínculo familiar hasta el momento.

•Crecer…

El control de esfínteres no es…

•sólo mantener seco el pañal.

•una carrera contra el tiempo.

•el mero aprendizaje de un hábito mecánico.

•algo, que se logra solo por ser entrenado o educado.

•una actividad que se logra de una vez y para siempre

•conveniente elogiarlos demasiado si lo logran, ni enojarse ni reprobarlos ni humillarlos con gestos o palabras despectivas si no lo logran.

•poner expectativas desmedidas sobre ellos, ni compararlos con otros niños.

•una decisión exclusiva del adulto o del niño.

¿Qué necesita un niño para lograr el control de esfínteres?

•Que sean respetadas sus iniciativas.

•Confiar en sus capacidades.

•Respetar los ritmos propios de desarrollo.

•Sentirse “sostenidos” y “contenidos” por redes de seguridad afectiva con relaciones estables, continuas, cálidas.

•Acompañarlo en el desarrollo del sentimiento de eficacia y autoestima que lo alientan a:
– la exploración de sus propias capacidades
– la apropiación de las reglas de comportamiento y costumbres de la sociedad en la que se cría, se educa y crece.
– la apropiación del sistema de valores de su familia y de su comunidad
– ingresar al sistema de límites y prohibiciones.

•Ser acompañados con empatía comprensiva en sus esfuerzos.

•Respetar la iniciativa de asumir la responsabilidad que los posicione cada vez más satisfactoriamente frente a lo esperado por los adultos

•Tener conciencia de sí, utilizando el YO y el MIO.

•Poseer lenguaje comunicacional. (poder ser entendido)

•Tener noción de su esquema corporal básico. (brazos, piernas cabeza panza, cola, etc.)

•Reconocer las nociones de arriba, abajo, adentro afuera, delante detrás.

•Tener experiencias de primeras elecciones (ropa, juguetes)

•Tener experiencia de algunas despedidas previas (chupete, mamadera, cuna con barrotes)

•Poseer destrezas motrices que le permitan agacharse, girar, subir, bajar, saltar.

•Tener habilidad para subirse y bajarse el pantalón, calzoncillo o bombacha solito o solita.

Diferentes etapas que atraviesan los chicos en su proceso de aprendizaje del control de esfínteres

1.Hacen pis y caca en el pañal, sin mostrar ningún interés respecto al tema.
2.Avisan que se hicieron luego de que están sucios.
3.Avisan mientras están evacuando sus esfínteres.
4.Registran la necesidad fisiológica de hacer pis y caca y pueden avisar antes.
5.Tienen ganas, avisan y llegan al baño sin que se les escape. Pueden esperar.

Algunos datos para tener en cuenta

•Por lo general comienzan a controlar primero de día y luego de noche.

•Por lo general se controla primero la orina y luego las heces.

•Existe “el shock de la primera vez”, entre la primera vez que deposita su pis y/o su caca en la pelela o inodoro, y las siguientes, pueden pasar entre 1 semana ó varios meses.

•Las nenas suelen lograr el control un tiempo antes que los varones.

•El 90% de los niños controla esfínteres entre los 2 y 3 años sin necesidad de ser entrenados.

•El control definitivo se da aproximadamente a los 6 años.

•Ante cualquier situación especial es esperable que se den retrocesos.

•Entre los pañales y la ropa interior existen bombachas y calzoncillos de aprendizaje que son útiles para favorecer este período de transición.

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